Sinpiedad, de Bernardo Carrión

Sinpiedad – Bernardo Carrión

Sinpiedad – Bernardo Carrión por David Gómez

«Sinpiedad está consiguiendo sacar lo peor de la gente».

Debo reconocer que al principio tuve mis dudas sobre mi satisfacción al respecto de la lectura de Sinpiedad, pues al ver que era un thriller político y social creí que mi cansancio acumulado al ver tantísimas noticias al respecto podría influir muy negativamente a la hora de leerlo.

Por eso es de justicia decir al inicio de esta reseña que me lo he pasado en grande leyendo la primera novela de Bernardo Carrión, jefe de comunicación del Festival negro Valencia negra.

No es fácil publicar una primera novela y mucho menos hacerlo con la credibilidad que lo hace Bernardo Carrión en Sinpiedad.

Una posible parte de la fórmula, capítulos cortos e ir al grano sin perder mucho tiempo en descripciones y momentos que nada tiene que ver con la novela y que serían más propios del relleno. Con todo, la novela no es corta; tiene cuatrocientas páginas, pero se leen a una velocidad endiablada llevados por una buena construcción que le da agilidad a la lectura y esos capítulos cortos.

Y cuando digo capítulos cortos, digo capítulos cortos, sobre todo al final en los que algunos no tiene más de dos páginas y vas cambiando de un escenario a otro con unas ganas locas de saber que pasa en uno y en el otro.

«Una acción contundente era la única respuesta la estafa institucional que empobrecida la población».

Una novela que podríamos considerar coral, pues cada uno de los personajes construye a su alrededor una parte capital de la ficción. El conjunto de todos los personajes crea el gran puzle de Sinpiedad. El elenco de personajes no tiene desperdicio, pero lo más interesante para mí ha sido el concepto del personaje culto y la conexión de la novela con el 15M. Se podría decir que Bernardo Carrión ha construido una posible continuación, malvada, de lo que pudo ser un 15M, una distopía en toda regla.

Y volviendo al personaje culto, que bonita la imagen de dicho personaje desconectado del mundo por completo y dedicando su tiempo a nutrirse, durante catorce horas diarias, de los clásicos en filosofía, idealistas, empiristas, religión, ciencia ficción, novela contemporánea, ensayo,…Todo un sueño que se va truncado cuando dicho personaje abre su clausurado mundo a Internet.

«Debía sanar el sufrimiento humano».

Lo comentaba al principio. Creo que Bernardo Carrión hace un buen trabajo de construcción en una novela donde más de la mitad de su argumentación es recordar los desgraciados casos de corrupción política de la Comunidad Valencia y algunos otros elementos, pero lo hace con estilo, dándole la importancia justa en cada momento y sin pasarse de frenada lo que hubiera provocado una novela de más de seiscientas páginas, pero dura como una roca.

Otro punto que me ha tocado la fibra, y supongo que esa era la intención del autor, es los daños colaterales derivados de las acciones de esos corruptos. No cuento más, pero creo que solo por esos daños colaterales podría llegar a entender que alguien se tomara la justicia por su mano. No digo que esté de acuerdo, digo que lo podría entender, que no compartir.

Te invito a conocer Sinpiedad y de paso disfrutar de una muy buena lectura negrocriminal. Por lo que parece a algunos sectores no les has sentado nada bien que una novela de ficción los señale con el dedo y alguien pueda llegar a idear, en su imaginación, un portal como Sinpiedad.

Señores es ficción y si me apuráis, un desahogo para no hacer una locura.

Sinopsis

Mientras las élites saquean las instituciones y los ciudadanos sufren la crisis, el portal sinpiedad.org ofrece venganza contra los imputados en casos de corrupción.

En la España posterior al crack de Lehman Brothers y al estallido de la burbuja inmobiliaria, un grupo de políticos y banqueros corruptos traza un plan para enriquecerse mediante la adjudicación de proyectos públicos en Valencia. Desconocen la existencia de un misterioso ermitaño, fanático de la lectura, que desde una aldea gallega abandonada se sumergirá en el universo hacker.

Mientras las élites saquean las instituciones y afloran los casos de corrupción, los ciudadanos soportan paro de larga duración, sufren desahucios o ven recortados los servicios sanitarios.

Por este thriller político y social desfilan variados y memorables personajes: un alcalde sin escrúpulos, un antiguo empleado de Lehman Brothers, un militante con ganas de ascender, una interiorista en la cresta de la ola, un anciano mafioso siciliano, un ex tirador de élite del ejército español, la empleada de una carnicería, los periodistas de un diario digital de provincias o un grupo de perroflautas. Todos ellos se verán involucrados en las actividades de un grupo liderado por el ermitaño que opera desde el portal sinpiedad.org para ofrecer a los ciudadanos una venganza contra imputados en casos de corrupción. Esta trepidante novela, llena de ritmo y acción, supone el deslumbrante debut de Bernardo Carrión, un autor que ha venido para quedarse.

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Mentiras, de Yrsa Sigurdardóttir

Mentiras – Yrsa Sigurdardóttir

Mentiras – Yrsa Sigurdardottir por Alberto Pasamontes

Niebla espesa y húmeda, la dosis justa de frío, mucho, mucho viento, unos desconocidos, un par de lugares aislados y unos sucesos del pasado. Todo muy visto, pero efectivo. Si a todo ello le añadimos un escritor islandés, escritora en este caso, tenemos todos los elementos para una novela inquietante y opresiva. Y muy entretenida.

Como decía, nada nuevo bajo el sol (poco en este caso, ya saben, hablamos de Islandia). Pasó ya el tiempo en que los lectores de estas latitudes más benignas climatologicamente hablando nos sorprendíamos con el cóctel descrito más arriba, pero lo cierto es que no todos los autores saben manejarlo de igual modo, e Yrsa Sigurðardóttir lo hace muy bien.

Mentiras (Roja y Negra, 2017) arranca con una serie de turbadores acontecimientos en los primeros capítulos. Tres historias aparentemente inconexas (cuatro operarios que tienen que arreglar un faro en un islote remoto, una familia que regresa a su casa tras las vacaciones, una policía que debe superar el intento de suicidio de su marido), dotadas de un cierto aura sobrenatural en ocasiones, que transcurren de forma paralela en el tiempo. Sigurðardóttir nos lleva de una a otra con agilidad, a través de capítulos bien medidos en los que, sin embargo, hay que anotar en el debe un uso excesivo del cliffhanger. Ocho seguidos (sí, me he molestado en contarlos) es excesivo, se mire como se mire, y el recurso acaba perdiendo efectividad.

La novela se lee con mucha facilidad, es divertida y rápida, a pesar de esa costumbre tan propia de los escritores septentrionales de gastar media página para narrarnos cómo alguien sube un escalón (debe ser cosa del frío, que ralentiza el metabolismo). En realidad, es un recurso que trata de hacer subir la tensión narrativa, aunque hay que reconocer que Yrsa Sigurðardóttir no es de los que más abusan en este sentido. Cada una de las historias tiene su ritmo y elementos diferenciadores propios, y la autora sabe hacerlas fluir con sedosa naturalidad hacia el momento en el que las tres acaban por converger, el punto en el que cada elemento encaja con los demás casi con precisión suiza. Y digo casi, porque hay un aspecto de una de las historias que no me acaba de cuadrar. No sé cuál será la costumbre en Islandia y me parecería raro que sea distinta a la de aquí en una situación similar, pero (atención, spoiler de aquí al final del párrafo) si uno piensa que las llaves de su casa pueden haber caído en malas manos, lo primero que hace es cambiar la cerradura.

Que nadie se eche atrás por esto. Superado ese detalle que, dicho sea de paso, la autora podría haber resuelto de mejor modo con facilidad, lo cierto es que la trama está bien trabajada y el punto de partida que genera toda la historia y que conoceremos en las últimas páginas es consistente y genera interés. Una historia, en definitiva, que nos mantendrá entretenidos, que enganchará a muchos lectores, en especial si son aficionados al noir nórdico, y que no disgustará a nadie. Al fin y al cabo, ¿no es eso lo que le pedimos a una novela?

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A menos de cinco centímetros, de Marta Robles

A menos de cinco centímetros – Marta Robles

A menos de cinco centímetros ~ Marta Robles por LUIS V

Una vez más, aquellas palabras retumbaron en su cabeza: «¿Son putas o putas como nosotras?».

No hay más que tener ojos en la cara, y querer ver, para comprender lo duro que tiene que ser confiar en el amor perteneciendo a elevados estratos sociales, sobre todo cuando tu pareja procede del otro lado de la balanza; quizá sea ese el precio a pagar por quienes a cambio de dinero acostumbran a conseguirlo todo.

Misia Rodríguez responde a ese tipo de enamoramiento que deben de sentir las mujeres atractivas y mucho más jóvenes cuando se casan con multimillonarios; su consorte, Carlos Rothman maneja un imperioso grupo de comunicación que domina radio, televisión, periódico y editoriales. Viven entre lujos, pero ocultan un pasado oscuro, y son víctimas y verdugos de sus propias miserias; mientras ella mantiene su posición social aguantándose las nauseas que padece en cada encuentros sexual con su marido, él, que heredó una fortuna ganada con poca honra, la mantiene a consta de actos aún más viles.

Armando Artigas es un adinerado y atractivo escritor de éxito al que le encanta relacionarse sexualmente con mujeres casadas, de esas que jamás dejarían a sus maridos; Misia cumple los requisitos y accede a participar en ese juego carnal.

Tony Roures, ex corresponsal de guerra que ahora se gana el jornal como detective, investigando infidelidades, es contratado por la joven Katia Kohen para investigar la muerte de su madre, allá en la Argentina. Según ésta, Armando Artigas, amante de su madre, fue quien la asesinó; a ella y al menos a otras 3 mujeres casadas con las que compartía amoríos.

A menos de cinco centímetros es una historia de perdedores, de antihéroes que siguen luchando contra los fantasmas de su pasado, cuya revelación guardan con recelo. Narrada en tercera persona, situando el escenario principal en la ciudad de Madrid, entre los meses de marzo de 2015 y marzo de 2016, la novela está cargada de referencias reales tanto de ésta (El Café Comercial, Horcher, el José Luis, librerías conocidas de Madrid…), como de las otras ciudades donde se sitúan los personajes, así como alusiones a gran número de personajes públicos actuales (Paul Auster, Vargas Llosa, Muñoz Molina, Pérez-Reverte, Belén Esteban…) Es el debut de Marta Robles en la novela negra, un género muy amplio en el que cabe casi todo, y en el que además de otro tipo de crímenes, la autora incluye las infidelidades como otra de las maneras de matar; incluso se permite la licencia de colocar un inspector de policía que en lugar de investigar los asesinatos, suministra informes al detective para que éste haga su trabajo.

Si nos dejamos llevar por la sinopsis, además de la borrachera de encuentros sexuales, que no faltan (y que tan poco aportan a esta obra cuyos personajes ya son por si mismos interesantes), podemos pensar que la trama principal nos llevará a identificar la autoría de los asesinatos, y es éste uno de los aspectos que, sin llegar a olvidarse, va pasando a un segundo plano a medida que la furtiva relación entre Artigas y Misia van acaparando la mayor parte de la novela. Respecto a la narrativa Marta Robles escribe de manera pulcra y elegante, pero se prodiga en dar demasiadas explicaciones, lo que hace que la novela carezca de la tensión deseada. En las referencias al lujo y al pijerío que rodean muchas de las escenas, agudiza su empeño en dejar extremadamente claro cada detalle, llegando a empalagar de tal manera que, puestos en escena, apetece pedirle a Ambrosio (el del anuncio de «Ferrero Rocher») que en lugar de ofrecerte un bombón, le diga al narrador que se avíe con tanta parafernalia. Quienes poco hayan leído sobre Arturo Pérez-Reverte, encontrarán una novela con redundante aroma a violetas, a juego con los ojos de la protagonista, pero quienes sigan un poco al académico se darán cuenta de su presencia constante en los diálogos de distintos personajes, llegándose incluso a fusilar alguna de sus frases más conocidas, como ésta donde pregunta y se contesta el propio Artigas:

«—¿Le gusta Tintín? —preguntó el escritor—. Creo que esa colección sería lo primero que yo salvaría de un incendio.»

COMPRAR: A menos de cinco centímetros