Años de sequía, de Jane Harper

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Años de sequía, de Jane Harper

Años de sequía, de Jane Harper (Salamandra Black) por Luis V

Aún estaba desangrándose la madre cuando el siguiente disparo reventó la cabeza del mayor de sus dos hijos, que solo contaba seis años; los trece meses de la pequeña, único testigo de la tragedia, la mantuvieron con vida pese a su terrible llanto. Alejado de la granja, la escopeta y el cadáver de Luke Hadler, cabeza de familia, comparten la última instantánea de aquel baile de muerte, y nadie en Kiewarra (sureste de Australia) duda que fuera él quien la disparó; los fuertes calores y la larga sequía son capaces de justificar cualquier tipo de desesperación.

Aaron Falk ─quédense con el nombre, que volverá a dar que hablar, trabaja de policía en Melbourne investigando delitos financieros; allí conoce del crimen por la prensa, e identifica por los detalles de la noticia que el principal sospechoso de la matanza es Luke Hadler, su amigo de la infancia. Por si le quedaba alguna duda, alguien deja en forma de carta sobre su mesa siete palabras que incrustan en su cabeza un enjambre de molestas avispas: «Luke mintió. Tú mentiste. Ven al funeral.»

Con un prólogo corto pero redactado con maestría, la anglo-australiana Jane Harper nos introduce de lleno en su ópera prima, creando una atmósfera que horada los sentidos y que ya no te suelta hasta la última página. Kiewarra, que abrasa las mentes ya de por sí obtusas de sus ciudadanos, sube de grados ante el regreso de Falk, veinte años después de que le tocara salir huyendo. Sabe que su presencia no es grata, y ajusta su visita a la asistencia al entierro y correspondiente pésame, así como esclarecer el significado de aquellas palabras que se repiten en su cabeza: «Luke mintió. Tú mentiste. …». Falk recuerda como era Luke, y no ve del todo descabellado que pudiera haber acabado con su familia para luego suicidarse, pero pronto empieza a ver aspectos que no le cuadran. Las sombras del pasado se reproducen y pese a que no todos le vuelven la espalda, quienes le prestan su apoyo no tienen la solvencia deseada; quien no se lleva bien con Mal Deacon, el cacique del pueblo, lo paga caro, y Falk es la diana perfecta para sus actos. Con todo en contra, da legalidad a sus actos amparando la investigación en las inexpertas manos del sargento Greg Raco, quien cuenta con jurisdicción en la zona.

Años de sequía está narrada en tercera persona y mantiene al lector en ascuas durante toda la trama, consiguiendo que cada vez que se coloca una pieza correcta en la investigación, se descoloque otra que parecía ajustada. Las primeras páginas no necesitan mayor fuerza que la urdimbre planteada y a medida que avanzas en la lectura la autora nos arrecia, con progresión, intercalando secuencias y conversaciones del pasado que van llenando de sentido los vacíos encontrados, descubriendo detalles que hacen que surjan nuevos misterios. Su publicación fue la revelación literaria del año en Australia, vendiéndose sus derechos de traducción a más de 20 idiomas, y recibiendo importantes premios. Actualmente una productora cinematográfica trabaja en su adaptación al cine.

No lo duden, por muy listos que se crean tendrán que leer muchas páginas para encontrar una buena pista que les sitúe frente a quien efectuó los disparos.

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