Cazadores en la nieve, de José Luis Muñoz

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Cazadores en la nieve – José Luis Muñoz – Novela negra – Ediciones Versátil. por ALBERTO PASAMONTES

El teniente de la Guardia Civil Antonio Muñiz pasa sus días sumergido en el tedio: el que le produce su matrimonio con una mujer que ya no le importa, y el que le sobreviene impuesto por las escasas obligaciones de su cargo, jefe del cuartel de un pequeño pueblo del Valle de Arán, destino al que llegó tratando de dejar atrás los ácidos recuerdos, los actos salvajes, propios y ajenos, que vivió durante su estancia en el tristemente famoso cuartel de Intxaurrondo. La llegada de un forastero (en realidad, un antiguo miembro de ETA), con la intención de establecerse allí de modo definitivo “para ver crecer la hierba”, trastocará la vida de buena parte de los habitantes del pueblo, haciendo aflorar problemas enquistados que terminarán por diluir como nieve sucia la falsa tranquilidad del valle.

He de decir que cuando Miguel Ángel (el jefazo de Somnegra) me ofreció reseñar Cazadores en la nieve (offVersátil, 2016), acepté encantado. No era lo primero que leía de José Luis Muñoz, y nunca me había decepcionado  (y sigue sin hacerlo). Lo que no conocía era el tema de la novela, el eje sobre el que rota la historia. Quizás de haberlo sabido me habría pensado mucho hacer esta reseña. Seguro, no la habría hecho hace unos años.

Me presento: soy Alberto Pasamontes, y soy víctima de ETA (escriban en Google la palabra atentado seguida de mi nombre para más información).

Como decía, hace unos años no habría hecho esta reseña. No me hubiese leído esta novela; no habría tenido fuerzas para hacerlo. Y sin embargo, ahora agradezco a José Luis que la haya escrito, a Miguel Ángel que me la haya enviado, seguramente sin conocer estos datos, y yo me alegro de haberla leído.

Muñoz es, ante todo, un escritor eficiente. De cualquier sitio donde se meta es capaz de salir con una contundencia y elegancia sobresalientes. Será cosa de los años que lleva en esto. Y del talento que le sale a borbotones por la punta de los dedos. No es fácil escribir una novela sobre terrorismo sin caer en tópicos, sin tomar partido por uno u otro bando, sin dejarse llevar por las noticias, por el entorno, por los sentimientos. Sobre todo no es fácil si el autor decide, en un ejercicio encomiable de objetividad, mostrarnos los rasgos humanos tanto de los verdugos como de las víctimas. En uno y otro sentido. Seguramente, esta prolongada tregua que estamos disfrutando, esperemos que de modo definitivo, le haya ayudado a la hora de tomar distancia.

El terrorismo Nunca es la solución y Nunca será justificable. Nunca. Eso está claro. Hay vías para defender tu postura, sea cual sea, en una democracia. Nunca será justificable un atentado. Pero tampoco debemos admitir cualquier método para acabar con el problema. Si así lo hiciésemos, nos convertiríamos en lo mismo.

No sé si estoy haciendo una reseña o qué gaitas estoy haciendo. Supongo que debería decir que Cazadores en la nieve se alzó con el XVI Premio de Novela Corta de la Diputación de Córdoba; que es una magnífica novela, que se lee del tirón, que los personajes se presentan a sí mismos con naturalidad, sin estridencias, que entran en la historia sin hacer ruido, una historia que se desliza con la suavidad de un trineo que ya ha bajado muchas veces la pendiente nevada, que cuando te quieres dar cuenta ya no hay vuelta atrás, que hueles la sangre, que lo ves venir y sin embargo no puedes hacer nada por apartarte, por evitarlo, porque no te salpique. Una novela que obliga a los personajes a enfrentarse a sus actos, a la redención, al arrepentimiento, a reconocer los errores propios como única vía para para el entendimiento, para la paz. Si no para el perdón, al menos para que cada uno pueda seguir con su vida.

Para una paz definitiva que esta sociedad se merece.

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