Distrito federal, de Francisco J. Cortina

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Distrito Federal – Francisco J. Cortina – Novela negra – Alrevés editores por JOSÉ RASERO BALÓN

Francisco J. Cortina (México D. F., 1963). De padre catalán y madre mexicana, se muestra orgulloso de sus nacionalidades y culturas. Miembro de la National Writters Association, ha publicado en México dos novelas, La chica IBM Puerta Santa Fe, con éxito de ventas y crítica. Destaca en ambas la ciudad de México como escenario y como protagonista, con toda su fuerza vital y, también, destructiva. La chica IBM, su primera novela publicada en España, ha sido editada por Alrevés, con el título Distrito Federal. Historias de un secuestro.

Un tumulto de tráfico en la ciudad de México. La adolescente Alejandra es asesinada en su propio coche, durante un atraco frustrado. Esta muerte destrozará a su familia, especialmente a su padre, Antonio Ruiz, abogado y empresario de éxito, que atravesará su particular infierno hasta que, por los avatares de su caída a los abismos, consiga resurgir y acabe como responsable de la Unidad Antisecuestros de la Policía Federal. Los jóvenes atracadores, Samuel y Leonel Sánchez, ante el fracaso de su acción, deciden dar un paso más en su carrera delictiva y adentrarse en el “negocio” de los secuestros. En uno de estos trabajos “levantan” por accidente a Jaime Settler y Anna Martínez, dos jóvenes que acaban de conocerse en un antro (discoteca).

Distrito Federal es un retrato –muy negro y muy policíaco– de la capital de México. Francisco J. Cortina hilvana esta semblanza desde un punto de vista interior, de chilango que conoce bien el percal que nos ofrece. La décima urbe más poblada del mundo (22,2 millones h.) se halla asolada por la delincuencia juvenil, paso previo a los grandes cárteles de la droga o el tráfico de armas. La ciudad parece haber aceptado atracos y secuestros como hechos habituales en su día a día, algo que le puede suceder a cualquiera, sin que los ciudadanos necesiten para convertirse en víctimas ningún tipo de relevancia económica o pública. Solo se precisa estar ahí: en el sitio y en el momento equivocados.

El autor se acerca a este conflicto con un tono neutro, sin tomar partido. Su mirada plasma los hechos e intenta ahondar en los porqués del crimen, aunque deja que sea el lector quien saque sus propias conclusiones. Con un ritmo eficaz de capítulos cortos, la narración se estructura en historias paralelas que terminarán relacionándose de manera ágil y verosímil. Estaremos al tanto de dónde vienen los jefes de la banda de secuestradores, los hermanos Saúl y Leonel Sánchez, de su conflictiva niñez de miseria y crueldad. Les acompañaremos en su recorrido vital y delictivo. Se nos describirá con claridad el mecanismo de los secuestros: los iniciadores, los levantadores, los vigilantes, etc. También conoceremos a las víctimas, directas e indirectas, y sus circunstancias vitales. Dos secuestrados por error (Jaime y Anna) sufrirán toda la violencia del encierro, del paso de los días. Del horror. Sus familias lo harán del otro lado del teléfono. Un padre (Antonio Ruiz) que pelea con sus fantasmas –la muerte de su hija–, acabará peleando junto a la justicia, frente a los secuestradores, mostrándonos así cómo trabaja la otra parte de este conflicto, la Policía Federal.

El lenguaje de los protagonistas es otro mérito a sumar al bagaje de esta excelente novela. Los diálogos nos delimitan a la perfección, en cada momento, quién es quién, por su forma de expresarse. Algunos pasajes entre secuestradores y secuestrados resultan antológicos en este sentido, con una mención especial para el magistral uso del slang chilango. Por su parte, el lenguaje del narrador, castellano de allá, o mexicano, resulta un placer añadido, por su tan peculiar musicalidad.

Un pero final: las primeras dos páginas no sé qué pintan ahí. Y vaya, también, ya puestos, otro pero al “Epílogo”: se lo podría haber ahorrado. Nada, en cualquier caso, que haga cambiar mi calificación de excelente novela.

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