Mentiras, de Yrsa Sigurdardóttir

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Mentiras – Yrsa Sigurdardóttir

Mentiras – Yrsa Sigurdardottir por Alberto Pasamontes

Niebla espesa y húmeda, la dosis justa de frío, mucho, mucho viento, unos desconocidos, un par de lugares aislados y unos sucesos del pasado. Todo muy visto, pero efectivo. Si a todo ello le añadimos un escritor islandés, escritora en este caso, tenemos todos los elementos para una novela inquietante y opresiva. Y muy entretenida.

Como decía, nada nuevo bajo el sol (poco en este caso, ya saben, hablamos de Islandia). Pasó ya el tiempo en que los lectores de estas latitudes más benignas climatologicamente hablando nos sorprendíamos con el cóctel descrito más arriba, pero lo cierto es que no todos los autores saben manejarlo de igual modo, e Yrsa Sigurðardóttir lo hace muy bien.

Mentiras (Roja y Negra, 2017) arranca con una serie de turbadores acontecimientos en los primeros capítulos. Tres historias aparentemente inconexas (cuatro operarios que tienen que arreglar un faro en un islote remoto, una familia que regresa a su casa tras las vacaciones, una policía que debe superar el intento de suicidio de su marido), dotadas de un cierto aura sobrenatural en ocasiones, que transcurren de forma paralela en el tiempo. Sigurðardóttir nos lleva de una a otra con agilidad, a través de capítulos bien medidos en los que, sin embargo, hay que anotar en el debe un uso excesivo del cliffhanger. Ocho seguidos (sí, me he molestado en contarlos) es excesivo, se mire como se mire, y el recurso acaba perdiendo efectividad.

La novela se lee con mucha facilidad, es divertida y rápida, a pesar de esa costumbre tan propia de los escritores septentrionales de gastar media página para narrarnos cómo alguien sube un escalón (debe ser cosa del frío, que ralentiza el metabolismo). En realidad, es un recurso que trata de hacer subir la tensión narrativa, aunque hay que reconocer que Yrsa Sigurðardóttir no es de los que más abusan en este sentido. Cada una de las historias tiene su ritmo y elementos diferenciadores propios, y la autora sabe hacerlas fluir con sedosa naturalidad hacia el momento en el que las tres acaban por converger, el punto en el que cada elemento encaja con los demás casi con precisión suiza. Y digo casi, porque hay un aspecto de una de las historias que no me acaba de cuadrar. No sé cuál será la costumbre en Islandia y me parecería raro que sea distinta a la de aquí en una situación similar, pero (atención, spoiler de aquí al final del párrafo) si uno piensa que las llaves de su casa pueden haber caído en malas manos, lo primero que hace es cambiar la cerradura.

Que nadie se eche atrás por esto. Superado ese detalle que, dicho sea de paso, la autora podría haber resuelto de mejor modo con facilidad, lo cierto es que la trama está bien trabajada y el punto de partida que genera toda la historia y que conoceremos en las últimas páginas es consistente y genera interés. Una historia, en definitiva, que nos mantendrá entretenidos, que enganchará a muchos lectores, en especial si son aficionados al noir nórdico, y que no disgustará a nadie. Al fin y al cabo, ¿no es eso lo que le pedimos a una novela?

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