Mi nombre era Eileen, de Ottesa Moshfegh

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Un thriller espeluznante, hipnótico y divertido.

Mi nombre era Eileen, Otessa Moshfegh, 2017  por Graziella Moreno

Alfaguara.

AUTORA: Otessa Moshfegh es escritora y novelista norteamericana. Nació en Boston de madre croata y padre iraní. Es colaboradora de la revista The Paris Review desde 2012, donde ha publicado los relatos cortos por los que ha sido galardonada con el Plimpton Prize en 2014. Su relato McGlue fue publicado en el mismo año y le valió el Fence Modern Prize in Prose y el Believer Book Award. Mi nombre es Eileen ganó el Premio PEN/Hemingway al mejor debut literario y fue nominada al Man Booker Prize 2016.

SINOPSIS: La Navidad ofrece muy poco a Eileen Dunlop, una chica modesta y perturbada atrapada entre su papel de cuidadora de un padre alcohólico y su empleo administrativo en Moorehead, un correccional de menores cargados de horrores cotidianos. Eileen templa sus tristes días con fantasías perversas y sueña con huir a una gran ciudad. Mientras tanto, llena sus noches con pequeños hurtos en la tienda local, espiando a Randy, un ingenuo y musculoso guardia del reformatorio, y limpiando los desastres que su padre deja en casa.

Cuando la brillante, guapa y alegre Rebeca Saint John hace su aparición como nueva directora educativa de Moorehead, Eileen es incapaz de resistirse a esa milagrosa e incipiente amistad. Pero en un giro digno de Hitchcock, el cariño de Eileen por Rebeca la convierte en cómplice de un crimen.

RESEÑA: Esta no es una novela sobre lo cruda y triste que es la Navidad para una chica que tiene una vida sórdida cuidando de su padre alcohólico y con un trabajo desmoralizador. La sinopsis no es demasiado adecuada, no refleja lo que el lector va a encontrar. Es una historia narrada en primera persona por la mujer que vivió esa Navidad, la de 1964 en un pueblo de Nueva Inglaterra, un relato ácido, triste, en ocasiones divertido, sórdido y tierno a la vez:

Y en esa época- eso fue hace cincuenta años- era una mojigata. Eso saltaba a la vista. Llevaba gruesas faldas de algodón por debajo de la rodilla, medias gruesas. Siempre me abrochaba las chaquetas y las blusas hasta el último botón. No era de esas chicas que te hacen volver la cabeza. Pero tampoco había nada malo ni terrible en mi aspecto. Yo era joven y no estaba nada mal, del montón, supongo. Aunque por entonces yo me consideraba de lo peor: fea, desagradable, incapaz de enfrentarme al mundo”.

Eileen no es peor ni mejor que ninguno de los personajes con los que se cruza. Vive a su manera la vida que le ha tocado. Una chica que quiere ser distinta, pero que carece de la fuerza para conseguirlo, que sueña con escapar o más bien con la esperanza de hacerlo, con romper su esclavitud aunque para ello tenga que cambiar de identidad, ser otra persona. No hay giros en esta novela, sino progresión in crescendo hasta el final. Fantástica la exposición de su vida cotidiana, la relación con su padre. La narradora habla directamente al lector y no va a callarse nada. A lo largo de sus 280 páginas conoceremos sus intimidades, sus secretos, se desnuda totalmente ante nosotros, y a pesar de tener los pies en el suelo, vive de sus fantasías y deseos no realizados. Eileen no busca complicidad, solo exponer quién era y explicarnos el por qué, como debe ser. Nadie llega a su destino sin haber seguido antes un camino y esta historia es la prueba.

Tengo entendido que está pendiente de una adaptación cinematográfica. Espero que ésta sepa hacerle justicia, lo que no será fácil, ya que es una narración plena de matices. Una muy buena novela que recomiendo.

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