Mientras mueres, de Javier Hernández

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Mientras mueres – Javier Hernández

Una distopía con acento canario

Mientras mueres, de Hernández Velázquez, juega con éxito con una de las pesadillas del imaginario colectivo del Archipiélago

Reseña cedida por el cultural del periódico Diario de Avisos ” El perseguidor” por:

FRANCISCO ESTUPIÑÁN (Premio Benito Pérez Armas de Literatura)

Javier Hernández Velázquez nos sorprende con su última entrega literaria, Mientras mueres (Alrevés. Barcelona, 2017). Y nos gana con su habitual astucia narrativa en un thriller que es mucho más que eso, pues también nos aporta novedades extraídas de su cajón de estilo narrativo. Aunque no quisiera incidir demasiado en la trama, Javier nos traslada desde Alemania a Turquía, pasando por Canarias, lo que siempre es afortunadamente inevitable para un autor de estas islas. Es una trama contrarreloj en la que un padre gravemente enfermo lucha por liberar a su hija. Este es un hecho capital en el relato al que luego volveremos.

Por supuesto, en el texto destella la erudición deportiva del autor, un seguidor entusiasta del fútbol y el baloncesto que nos da una lección magistral de conocimiento del Club Deportivo Tenerife en particular con acierto de especialista. También destaca su manejo diestro de ciertas peligrosas sociedades de la Europa del siglo XX, como los turcos Lobos Grises y la alemana Sociedad Thule, cuyos pretendidos sucesores en el siglo XXI siguen dedicados a la conspiración delictiva y fanática. Estos son los protagonistas de una trama criminal de altos vuelos en las que, como siempre, existen inocentes que quedan por el camino, no otra cosa es la historia de la humanidad.

Lo más llamativo para el lector español y, en particular, para el lector canario es el juego de intereses petrolíferos en las aguas canarias, que la reciente realidad política y económica inspira en el autor y fundamenta la novela. En el momento del relato, pues, Canarias es un archipiélago de reciente soberanía marroquí, una de las peores pesadillas contenidas en nuestro imaginario colectivo desde el momento mismo de la conquista. Es precisamente en este escenario en el que Hernández Velázquez, muy en la línea de la literatura internacional más reciente, entra en el terreno de la distopía, de un futurible tan posible como terrible que nos trae a la memoria la polémica Sumisión, de Michel Houellebecq (Anagrama. Barcelona, 2015).

Pero la novela adquiere grandeza literaria porque, lejos de dejarnos en el mero entretenimiento narrativo, nos enfrenta a un dilema moral eterno cuando el protagonista, un padre que no conoce a su hija, decide renunciar a su vida para conseguir su propia redención sacrificándose por ella, el precio que debe pagar por su intervención personal y participación económica en ese oscuro mundo de los inmensos beneficios empresariales resultantes, claro está, de la especulación con los intereses estratégicos de las naciones. En fin, una historia de perdón, de redención personal, de dilema último con la propia conciencia que confirman a Javier Hernández Velázquez en el panorama nacional con pie cada vez más firme.

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