Archivos de la categoría Reseñas novela negra

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Habana Réquiem, Vladimir Hernández

Habana réquiem, Vladimir Hernández.

Harper Collins Ibérica SA, 2017.

Graziella Moreno

AUTOR: Vladimir Hernández (La Habana, 1966), cursó estudios de Ingeniería y Física, pero ha dedicado toda su energía profesional a la escritura. Publicó su primer libro de relatos, Nova de cuarzo, en 1999, y su primera antología, Horizontes probables, en México ese mismo año. En 2000, tras quedar finalista del Premio UPC de género fantástico, consiguió viajar a España y decidió quedarse a vivir en Barcelona.

Ha obtenido premios de relato y novela corta- Manuel de Pedrolo, Alberto Magno-, y recientemente su primera novela de género negro, Indómito, ha sido galardonada con el prestigioso Premio Internacional de Novela Negra L´H Confidencial.

SINOPSI: Cuba se tensa en medio del panorama de recesión y el Estado intenta maniobrar con un falso aperturismo económico, pero la mentalidad insular ha cambiado y el ciudadano de a pie ya no parece tan dócil como ha sido durante medio siglo. La marginalidad amenaza con desbordar el sistema. En la Mazmorra, unidad de policía del hacinado distrito de Habana Vieja, los oficiales de la Policía Nacional Revolucionaria, la famosa PNR, intentan enfrentarse al naufragio social, pero los propios agentes de la Ley, precarios diques de contención, actúan lastrados por sus miserias humanas.

Un presunto suicidio, un violador en serie, y el cadáver de un joven negro relacionado con drogas de diseño y tribus urbanas, son los puntos de partida argumental de Habana réquiem. Tres tenientes de la Mazmorra- el veterano Puyol, la arribista Ana Rosa y el impulsivo Eddy- son los encargados de llevar esas investigaciones a buen destino y contrarreloj. Cada uno de ellos emplea métodos diferentes, pero todos comparten una máxima: “Ser un buen poli implica a veces ensuciarse las manos”.

RESEÑA: Habana réquiem es una novela dura en la que sus personajes no tienen tiempo para nostalgias, como mucho se permiten algún recuerdo porque la vida les empuja siempre hacia delante. Los barrios, las tribus urbanas, las casas, la vida cotidiana, se desarrollan en 325 páginas que no puedes parar de leer. La ciudad es un personaje más en la historia: “En el aire flotaban los olores a fritanga, café y pollo frito servidos en mesas al aire libre, y la música en las improvisadas terrazas era estruendosa”. El calor asfixiante, la falta de medios, la imaginación de la que deben servirse los policías para hacer su trabajo, el humor, la ternura, el deseo y la ambición son elementos que harán que la historia sea verosímil. Los protagonistas están bien dibujados, con profundidad, cada uno posee su voz propia y no solo interesa lo que hacen sino el por qué de sus actos, las razones de su bondad o de su maldad: “la vida es un paisaje moral donde las almas tejen un tapiz de claroscuros”. Los motivos para matar o para cruzar la línea que separa lo correcto de lo incorrecto son variados y quedarán todos expuestos. Una trama coral a la que habrá que estar muy atento (en especial en las primeras páginas) para no perderse detalle, con un último capítulo que sorprende y deja abierta una continuación. Muy útil el glosario que ayudará al lector a entender algunas expresiones cubanas cuyo sentido se nos escapa.

Los crímenes casi nunca son perfectos; el azar y las imprecisiones enturbian el resultado” dice uno de los personajes. Ni el crimen es perfecto, ni la vida tampoco. Vladimir Hernández lo sabe y lo expone de manera magistral en esta fantástica novela negra.

Habana Réquiem

Mientras mueres, de Javier Hernández

Mientras mueres – Javier Hernández

Una distopía con acento canario

Mientras mueres, de Hernández Velázquez, juega con éxito con una de las pesadillas del imaginario colectivo del Archipiélago

Reseña cedida por el cultural del periódico Diario de Avisos ” El perseguidor” por:

FRANCISCO ESTUPIÑÁN (Premio Benito Pérez Armas de Literatura)

Javier Hernández Velázquez nos sorprende con su última entrega literaria, Mientras mueres (Alrevés. Barcelona, 2017). Y nos gana con su habitual astucia narrativa en un thriller que es mucho más que eso, pues también nos aporta novedades extraídas de su cajón de estilo narrativo. Aunque no quisiera incidir demasiado en la trama, Javier nos traslada desde Alemania a Turquía, pasando por Canarias, lo que siempre es afortunadamente inevitable para un autor de estas islas. Es una trama contrarreloj en la que un padre gravemente enfermo lucha por liberar a su hija. Este es un hecho capital en el relato al que luego volveremos.

Por supuesto, en el texto destella la erudición deportiva del autor, un seguidor entusiasta del fútbol y el baloncesto que nos da una lección magistral de conocimiento del Club Deportivo Tenerife en particular con acierto de especialista. También destaca su manejo diestro de ciertas peligrosas sociedades de la Europa del siglo XX, como los turcos Lobos Grises y la alemana Sociedad Thule, cuyos pretendidos sucesores en el siglo XXI siguen dedicados a la conspiración delictiva y fanática. Estos son los protagonistas de una trama criminal de altos vuelos en las que, como siempre, existen inocentes que quedan por el camino, no otra cosa es la historia de la humanidad.

Lo más llamativo para el lector español y, en particular, para el lector canario es el juego de intereses petrolíferos en las aguas canarias, que la reciente realidad política y económica inspira en el autor y fundamenta la novela. En el momento del relato, pues, Canarias es un archipiélago de reciente soberanía marroquí, una de las peores pesadillas contenidas en nuestro imaginario colectivo desde el momento mismo de la conquista. Es precisamente en este escenario en el que Hernández Velázquez, muy en la línea de la literatura internacional más reciente, entra en el terreno de la distopía, de un futurible tan posible como terrible que nos trae a la memoria la polémica Sumisión, de Michel Houellebecq (Anagrama. Barcelona, 2015).

Pero la novela adquiere grandeza literaria porque, lejos de dejarnos en el mero entretenimiento narrativo, nos enfrenta a un dilema moral eterno cuando el protagonista, un padre que no conoce a su hija, decide renunciar a su vida para conseguir su propia redención sacrificándose por ella, el precio que debe pagar por su intervención personal y participación económica en ese oscuro mundo de los inmensos beneficios empresariales resultantes, claro está, de la especulación con los intereses estratégicos de las naciones. En fin, una historia de perdón, de redención personal, de dilema último con la propia conciencia que confirman a Javier Hernández Velázquez en el panorama nacional con pie cada vez más firme.

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La cajita de rapé, Javier Alonso García-Pozuelo

La cajita de rapé” (editorial Maeva) de Javier Alonso García-Pozuelo por Germán González

A diferencia de lo que creen muchos autores, editores y lectores la principal razón de la existencia de la novela negra no es su capacidad para plantear y resolver un misterio. Su objetivo es entretener a la persona que se acerca a esa obra y por eso, en estos tiempos de competencia feroz con una oferta que casi colma la demanda, los escritores apuestan por la especialización y por un producto que sorprenda. En este contexto, se está consolidando el subgénero de la novela negra histórica o novela histórica negra, ya que el orden de etiquetas no altera el resultado final, e incluso podríamos hablar de una nueva división según la época en la que se sitúa la trama. No sólo están las que pasan en períodos concretos ricos en detalles, como la Guerra Civil o la II Guerra Mundial, sino que también las hay lejanas como la época romana o hasta en el futuro.

La cuestión se complica cuando la trama se sitúa en una época histórica anterior de la que tenemos mucha información gracias a los testimonios, orales y escritos, que nos han llegado. En estos casos, el rigor del autor es un elemento más a tener en cuenta no sólo para hacer verosímil la obra sino para ser capaz de ofrecer una lección académica sobre ese momento concreto de nuestro pasado. No hay nada más edificante que al mismo tiempo que nos entretengan nos formen, aunque hay que recordar que en las obras de ficción numerosos detalles pueden despistar al lector. Sin duda, el libro “La cajita de rapé” de Javier Alonso García-Pozuelo es un ejemplo de esta minuciosidad, hasta el punto de que en algunos momentos el relato costumbrista del Madrid de 1861 se antepone a la narración policiaca.

No se puede negar que el autor conoce con precisión quirúrgica, (aquí se nota los estudios), la realidad del Madrid de mitad del siglo XIX no sólo las intrigas de poder entre los diversos grupos de moderados y progresistas, que se dirimían en palacios, gabinetes, cafés o periódicos, sino también en las costumbres o en la geografía urbana y humana de la ciudad. Incluso hay una especial atención a los numerosos acentos y jerga que se podían escuchar por las calles de barrios muy castizos o a las particularidades de cada oficio. A veces la novela peca un poco del folletín al que se quiere parecer, como cuando se habla de las preocupaciones familiares de los protagonistas o se pierde en detalles irrelevantes para el devenir de la narración, así se aleja de la novela de misterio pese a la fuerte presencia del inspector José María Benítez, un personaje con mucha personalidad capaz de sobresalir entre los policías de su subgénero literario.

Y es que uno de los mayores aciertos del libro es dibujar un investigador tan cargado de contradicciones, de culpas y de inteligencia como Benítez al que encima sitúa perfectamente en el ambiente político y costumbrista de ese Madrid que quiere convertirse en una ciudad moderna, como apuntan algunos de los burgueses que aparecen, pero que tiene el lastre de una clase política todavía muy acomplejada por la desmembración sistemática de las colonias que formaron el Imperio español. No es de extrañar que las siguientes aventuras de Benítez ocurran en los casi 40 años que faltan desde el 1861 de esta novela a la pérdida de Cuba y Filipinas en 1898, ya que fueron los años más intensos del siglo XIX.

La trama arranca cuando el inspector Benítez y su equipo se deben hacer cargo de un robo, que acabó con un asesinato, en la casa de una familia rica del distrito de la La Latina de Madrid. La investigación irá paralela a las conspiraciones políticas, a las presiones que recibirá el policía para mantenerse fiel a los que gobiernan y a sus particulares demonios familiares, que iremos conociendo a lo largo del libro, y que dejan algún camino abierto para nuevas entregas. Sin duda, Benítez se rodea de un equipo muy competente y encima tiene la habilidad de acordarse de los dos apellidos de todos ellos, pese a que habitualmente son de lo más común, cuando los nombra para así poder ayudar al lector a diferenciarlos. La minuciosa investigación, lenta y pesada en algunos momentos, converge en un trepidante final que igual necesitaría más digestión y explicación.

Sin duda la formación académica del autor, ya que es licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidad Autónoma de Madrid, y diplomado en Cooperación Internacional por la Universidad Complutense de Madrid, ayuda a entender su capacidad de ser tan minucioso en el momento de recrear el Madrid de 1861. Javier Alonso García-Pozuelo (Madrid, 1972) fue profesor de salud pública, epidemiología y educación sanitaria además de redactar y editar textos científicos. Su pasión por la historia y la literatura lo ha llevado a mantener el blog ‘Cita en la Glorieta’ y también es compositor de sus propias canciones que lleva a los escenarios en solitario o acompañado de una pequeña banda acústica.

La cajita de rapé