Relatos de la mazmorra, 1.- El carnicero, por Vladimir Hernández.

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Vladimir Hernández

ACOSTA Y MACHADO (Los patrulleros)

1.- El Carnicero. 

En la Mazmorra sus compañeros de profesión les conocían como Los siameses bicolor, El dúo dinámico, Fresa y Chocolate, y otros motes por el estilo. Lo cierto es que eran colegas inseparables, sin hacer distinción entre el trabajo de patrullaje y la vida privada. Machado era blanco, de cabello negro hirsuto y mesurada musculatura; Acosta era negro, pelado al rape, y un portento muscular.

Eran buenos polis: razonablemente honestos, rudos, eficaces.

Rodaban en un Peugeot: Obrapía, San Ignacio, Obispo, Compostela, se movían en zigzag por lo más intrincado del Casco histórico, halcones matinales patrullando la zona con aparente parsimonia, vigilando el movimiento y el trasiego ciudadano en las estrechas calles de la Habana Vieja, atentos al delicado equilibrio tercermundista entre la urbanidad y el conflicto.

Esta mañana, sin embargo, Machado parecía distante, inmerso en su cabeza.

Doblaron despacio por la intercepción de O’Reilly para bajar hacia la Plaza de la Catedral. De un balcón les llegó el sonido demasiado alto de un reggaetón de moda.

—Esa canción está igual que Jennifer López —comentó Acosta, conduciendo con soltura con una sola mano.

—¿Qué cosa? —preguntó Machado.

—Esa canción.

—¿Cuál canción de JLo?

—Tú no prestas atención, viejo. Dije que esa canción está igual que Jennifer López: echando humo, riquísima.

—¿Pero qué canción, salvaje?

—Compadre, ¿qué canción va a ser? El Chupi-chupi. ¿Tú no la oyes o qué?

—Ahj —dijo Machado—. Está buena, pero no pa’ tanto.

En una acera, una adolescente voluptuosa les vio pasar y, sonriendo burlona, exageró su contoneo lascivo. Acosta se pasó la lengua por los labios.

—Tú dirás lo que quieras —comentó—, pero mira cómo se pone esa niña cuando oye el Chupi-chupi.

—Esa canción está un poco pasada de rosca. Horita la prohíben.

—Ah, no seas sapo. —Lo miró curioso—. Hoy estás hecho un plomo, mi compadre. Desconcentrado.

—Sí, es que tengo un problema.

—Tú, igual que todo el mundo en este país. ¿Cuál es el tuyo?

—Es por la pura.

—¿La pura? ¿Y qué le pasa a tu mamá?

Machado chasqueó los labios, como si le costara hablar del tema.

—Cosas de vieja…

—Coño, Machado, no me vayas a decir que tu pura está enferma.

—Peor.

—¿Peor que enferma?

—Sí. Resulta que se quiere casar.

—¿Casarse?

—Así mismito. Conoció a un temba ahí hace como seis meses, y han estado en la salidera y eso; en el besito y la tontería, como si fueran quinceañeros. Yo lo he tolerado calladito, pero hoy viene ella y me suelta de sopetón que va a casarse con el tipo.

—¡Pal carajo!

—Eso me dije yo; “ya esto es demasiado”. ¿Se volvió loca?

—Bueno, compadre, tampoco es para tanto.

—¿Cómo que no es para tanto, salvaje? —rezongó Machado—. ¿Tú sabes cuántos años tiene mi pura para estar en esa comemierdería?

Acosta esperó en silencio.

—Va a cumplir sesentaicinco años —se respondió a sí mismo Machado—. ¿Oíste? Sesentaicinco primaveras. ¿Cómo se me va a bajar con ese número a estas alturas de su vida?

El Peugeot patrullero siguió rodando sobre la sucia piel de O’Reilly.

—¿Y tú conoces al tipo con el que quiere casarse? ¿Es buena gente?

—Sí, un viejo ahí, el padre del carnicero del barrio; creo que es unos años más joven que ella.

—Bueno, por lo menos no vas a tener que preocuparte por conseguir carne de res.

Machado lo miró malencarado:

—¿Eso es un chiste, Acosta? Porque a mí no me hace ninguna gracia. —Se inclinó con impaciencia hacia el volante del vehículo y tocó el claxon repetidamente para llamar la atención de cinco negritos que asediaban a una pareja de rubios europeos pidiéndoles chicle o monedas. Los negritos se dispersaron rápidamente.

—No sé qué decirte.

—No, si no hay nada que decir. Es una ridiculez de ella y no debería hacerlo. ¿Tú sabes el daño que va a hacer si se casa con ese hombre?

—¿A ti? Ay, no exageres, Machado.

—A mí no, negro; ¡al puro mío! Cuando se entere, eso lo va a matar.

Acosta se quedó un rato procesándolo, ignorando deliberadamente las señales de infracción de la ley que barnizaban el panorama matutino de la calle O’Reilly: música estruendosa, discusiones airadas en plena calle, revendedores de tiquets cerrando tratos, bisneros proponiéndole asuntos turbios a los turistas, adolescentes sentados en las aceras bebiendo alcolifán en grupo. Incluso, un efluvio de yerba quemada llegó hasta sus fosas nasales cuando hizo un rápido viraje en Mercaderes.

—Pero, ¿qué tiempo llevan tus puros divorciados?

—Veinte años, negro, veinte años. Pero da igual; mi puro sigue enamorado de ella, esa es la mujer de su vida, la única que cuenta para él. Si se entera de esto se me muere. Y se va a enterar, tú sabes cómo es eso.

—Sí, las malas noticias corren rápido. La gente le va a ir con el chisme. ¿Tú lo ves mucho?

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—Cada semana; cada viernes por la noche voy a verlo y a darle un poco de dinero. —Suspiró—. Negro, tú no te imaginas lo mal que yo me siento cada vez que lo veo ahí, tirado en ese cuartico cochambroso al lado del Mercado de Cuatro Caminos; hecho un guiñapo, borracho y triste. Se me rompe el alma. Yo sé que él le dio muchos problemas a mi pura cuando eran jóvenes, con mujeres y con borracheras, pero él siempre la quiso por encima de todo. Y sus problemas los dejaba en la calle, ¿sabes? Nunca nos maltrató, ni a mí ni a ella. —Sacudió la cabeza enfáticamente—. Yo no sé en qué está pensando mi pura, pero lo que tiene que hacer esa mujer es aprender a perdonar a su marido y recogerlo de una vez.

Aunque Acosta era un tipo sin dobleces, creyó conveniente no mencionar que la madre de Machado tenía derecho a decidir cómo rehabilitar su vida sentimental.

—Tremendo dilema el tuyo, compadre —fue su comentario.

La radio del carro crepitó dos veces. Machado tomó el intercomunicador.

—Mira, no me des mucha cuerda; no me des cuerda, que ya todo ese lío me tiene jorobao. La verdad es que no sé qué voy a…

—Carro 666 —dijo una voz en la radio—. Control llamando a carro 666.

Machado apretó el botón pensando que no estaba ahora para lidiar con escándalos domésticos ni nada parecido, y dijo:

—Aquí carro 666. Dime, Control, ¿qué tienes para mí?

—Un cero-siete en la calle Empedrado.

Machado y Acosta se miraron significativamente.

—Parece que hoy la gente empezó a morirse temprano.

Reseña novela negra “Sabiduria Elemental”, de Solange Camauër por Montse Galera.

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SABIDURÍA ELEMENTAL – SOLANGE CAMAUËR

Solange Camauër (Buenos Aires, 1965) es doctora en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires, se dedica a la investigación de los vínculos entre filosofía y literatura. Trabaja como docente.

Otras obras: Las delicias del Jardín, Amores velados y El hijo. Ha obtenido varias distinciones y publicado cuentos, relatos y ensayos en antologías y medios especializados.

Sabiduría elemental: recibió el XVIII Premio de Novela Negra Ciudad de Getafe 2014 del Ayuntamiento de Getafe. Formaron el jurado Lorenzo Silva, Ramón Pernas, Marta Sanz, Fernando Marías, Esperanza Moreno y Ángeles González. Edita Edaf.

Reseña:

(…) “Quiere decir que la rabia o el odio solos no alcanzan para matar, que tiene que haber algo, una cosa que el asesino quiere”.

Bien, pero ¿qué quiere el asesino de Katz? Ese es el eje sobre el que girará Félix, utilizándolo como un sacacorchos, para averiguar quién mató a su padre, un escritor de prestigio universal, ególatra, “nada generoso y subyugante” que aparece apuñalado en su despacho —su centro de gravedad — sin causar desorden, ruido, desperfectos ni robo. La necesidad de hallar al culpable no es, en el fondo, más que una excusa legítima con la que su hijo se aproximará a la figura del padre, quien siempre lo mantuvo distante.

Se trata de una novela negra de las que no confieren tanta importancia a la autoría del crimen como a los motivos que empujan al asesino. La historia en sí no es otra que la del viaje que ha de realizar el protagonista, y el lector con él, para llevar a cabo sus pesquisas. Un viaje a través del alma de personajes poliédricos y bien construidos (familia, esposas, amantes, amigos, pupilos, editores).

Se trata también de una obra metaliteraria. La literatura está presente por doquier, forma parte del argumento, del decorado, del mobiliario, de los impulsos, de las relaciones. Es la base de los anhelos. El motivo por el que se acercan o distancian los personajes. No faltaran citas y la lista de autores nombrados es larguísima, aunque Flaubert y su Madame Bovary opositan a ser un personaje más.

También es la historia de cómo evoluciona el amor y el deseo y “sobre lo mucho que el amor precisa devorar para reproducirse”.

Si tú, lector, me permites un consejo, desde el mismo momento que empieces a leer esta obra estate atento a “” Los detalles, sobre todo los detalles”, como le dijo Iván Karamasov al asesino de Smerdiakov”.

Montse Galera.

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Rosa Ribas nos recomienda sus novelas negras.

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ROSA RIBAS

Rosa Ribas

Autora catalana natural de El Prat de Llobregat (1963). Tras una educación infantil marcada por los cambios de colegio, Rosa Ribas Moliné estudió Filología Hispánica en la Universidad de Barcelona.

Trabajó como profesora en España antes de mudarse a Alemania, donde se dedicó a la enseñanza de la lengua en el Instituto de Románicas de Johann-Wolfgang-Goethe Universität y la Universidad de Heilbronn (de la que fue profesora titular).

Su primera novela se publicó en 2006, El pintor de Flandes, un relato policíaco que veía la luz después de su dedicación a la composición de algunos manuales para profesores. Con este género continuó en Entre dos aguas, Con anuncio, En caída libre o Si no, lo matamos para las que creó el personaje de la comisaria Cornelia Weber-Tejedor, junto a Sabine Hofmann ha iniciado la serie de Ana Martí con Don de lenguas  y El gran frío.

Asumiendo el riesgo de que después alguna de las obras recomendadas no lo merezca, he pensado que no iba a recomendar cinco libros leídos, sino cinco libros que voy a leer. Son obras que me han llamado la atención últimamente por diversos motivos, por eso no son necesariamente novedades.

linda como en el asesinato de linda

LINDA, COMO EN EL ASESINATO DE LINDA – LEIF GW PERSSON

 Linda, como el asesinato de Linda, Leif G.W. Persson

He leído la ficha del personaje Evert Bäckström en el blog Mis detectives favoritos  de Alicia Platas y tengo ganas de conocer a este investigador desagradable, perezoso, misógino, machista… Del mismo autor también me tienta mucho El detective moribundo, que forma parte de otra serie, una trilogía a la que, una vez cerrada, el autor añadió un cuarto libro con el personaje principal resolviendo un caso desde el hospital donde está internado gravemente enfermo.

COMPRAR: LINDA, COMO EL ASESINATO DE LINDA

 

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MALDITA VERDAD – EMPAR FERNÁNDEZ

Maldita verdad, de Empar Fernández.

Me gusta mucho la escritura de Empar Fernández, su precisión al ahondar en la psicología de los personajes. Maldita verdad cierra la trilogía de la culpa, de la que forman parte La mujer que no bajó del avión y La última llamada, novelas de las que me da absolutamente igual si son negras, gris asfalto, perla o marengo, lo que cuenta es que son lectura de gran intensidad que dejan huella.

COMPRAR:  MALDITA VERDAD

 

barcelona negra siruela      madrid negro

Barcelona negra y Madrid negro (ed. Ernesto Mallo)

Sí, ya sé que estoy barriendo para casa, pero es que soy lectora de relatos. Pese a la afirmación repetida hasta la saciedad de que en este país no se leen relatos, los lectores de relatos existimos. Me apetecen mucho estas dos recopilaciones de relatos de dos ciudades que me gustan mucho. Y sí, en la de Barcelona hay un relato mío.

COMPRAR: BARCELONA NEGRA

COMPRAR: MADRID NEGRO

 

de moment tot va be   por ahora toda va bien

De moment, tot va bé / Por ahora todo va bien, de Andreu Martín

Aquí no creo que haga falta dar muchas explicaciones. Es Andreu Martín y es un libro de memorias, sus memorias.

COMPRAR: DE MOMENT, TOT VA BÉ – ANDREU MARTÍN

COMPRAR: POR AHORA, TODO VA BIEN – ANDREU MARTÍN

 

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TIEMPOS DE HIELO – FRED VARGAS

Tiempos de hielo de Fred Vargas

Todavía no he leído la última novela de una de mis autoras favoritas. Fred Vargas polariza, o, como es mi caso, te fascina, o no la soportas. Me la voy a regalar en breve.

COMPRAR: TIEMPOS DE HIELO – FRED VARGAS