Luis Roso nos recomienda sus novelas negras

luis roso
LUIS ROSO

Luis Roso (Moraleja, Cáceres, 1988)

Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Salamanca, en Filología Inglesa por la Universidad Autónoma de Barcelona y posee un máster de Literatura Española e Hispanoamericana. Apasionado de la literatura, la historia, el cine y el deporte, actualmente trabaja como profesor de secundaria en la Comunidad de Madrid. Admira a Delibes, Cela, Ferlosio, Sender, Azorín, De la Serna, Aldecoa, Barea y Martín Santos. Aguacero es su primera novela.

 

estrella distante
ESTRELLA DISTANTE – ROBERTO BOLAÑO

Estrella distante, Roberto Bolaño

La obra con que conocí a Bolaño fue para mí un puñetazo en el rostro. Es una brevísima joya, un monumento a la literatura. En ella ya aparecen todos los rasgos propios de prosa de Bolaño: el Mal con mayúsculas; la búsqueda detectivesca en un ambiente sombrío, casi enfermizo; la poesía como forma de vida. No es su obra más conocida, pero es posiblemente la mejor.

 

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violetas de marzo
VIOLETAS DE MARZO – PHILIP KERR

Violetas de marzo, Philip Kerr

El marco, la Alemania nazi, es incomparable; Bernie Gunther, un personaje de los que deja huella; la trama, una maquinaria compleja pero impecable. La novela que encumbró a Philip Kerr: poco más se puede añadir.

 

 

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AMERICA
AMÉRICA – JAMES ELLROY

América, James Ellroy

Ellroy te arrastra a un submundo repleto de drogas y violencia donde unos personajes miserables intentan sobrevivir a la sombra de personajes históricos como Howard Hughes, J. Edward Hoover, o la familia Kennedy. Absorbente e imprescindible. Una de las obras con las que más he disfrutado en mi vida.

 

 

 

MONTALBAN
ASESINATO EN EL COMITÉ CENTRAL – MANUEL VÁZQUEZ MONTALBÁN

 

Asesinato en el Comité Central, Manuel Vázquez Montalbán

Vázquez Montalbán poseía un dominio tan asombroso del lenguaje que a veces su prosa era de un barroquismo inaccesible, y su sentido del humor tan desbordante que a menudo sobrepasaba lo irónico para caer en el absurdo. Es por esto que algunas de sus obras no han envejecido bien: pero el componente político de Asesinato en el Comité Central (un líder comunista muerto en la España pos-Franco), así como su trama vertiginosa, hacen que esta obra brille con luz propia entre las demás.

 

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BELTENEGROS – ANTONIO MUÑOZ MOLINA

Beltenebros, Antonio Muñoz Molina

Una oscura trama de espías y asesinatos políticos, un protagonista con un pasado turbio. El paisaje: la Guerra Fría y la España de posguerra. Todo ello retratado con el estilo personal de uno de los grandes narradores actuales de nuestra lengua.

 

 

 

BRUJULA
LA MUERTE Y LA BRÚJULA – JORGE LUIS BORGES

*Bonustrack: «La muerte y la brújula», Jorge Luis Borges

No es una novela, sino un cuento, pero en él Borges demuestra que la buena literatura, la literatura de calidad, no entiende de géneros, y que el género negro es tan apto en este sentido como cualquier otro.

Reseña novela negra, El diablo en cada esquina, de Jordi Ledesma por Montse Galera

el diablo en cada esquina
EL DIABLO EN CADA ESQUINA – JORDI LEDESMA

El diablo en cada esquina: novela finalista del IV Premio Pata Negra del Congreso Negro de Cine y Novela de la Universidad de Salamanca. (Alrevés), 2015.

Jordi Ledesma (Tarragona, 1979) cursó estudios artísticos en la Escola Taller D´Arts i Oficis de Tarragona.

Es autor del poemario Agua de mayo (Silva, 2003) y de Narcolepsia (Alrevés, 2012), novela finalista de los premios literarios de la XXV Semana Negra de Gijón en la categoría de mejor primera novela negra. Y finalista de los premios leemisterio.com, en la edición de 2012, como mejor novela nacional. Narcolepsia ha sido publicada en México con el título de Narcosis (Ediciones B, 2014).

Es guionista del cortometraje Checkout (Quartofilms, 2015), basado en un cuento homónimo, también del autor.

Reseña:

La primera vez que nos vimos las caras literariamente con Jordi Ledesma fue gracias a su magnífico relato “El eco inexistente” que formaba parte de la antología “Diez negritos- Nuevas voces del Género negro español” publicado por Alrevés; coordinado y prologado por Àlex Martín Escribá y Javier Sánchez Zapatero. Estos aseguraban en el prólogo que Jordi Ledesma, junto a Alexis Ravelo y Carlos Zanón, son “cultivadores de un tipo de novela criminal de tono desesperanzado y con cierto gusto por lo sórdido y especialmente atinados en la descripción de ambientes y la construcción de personajes.”

Bueno, como estoy dispuesta a comprobarlo, empiezo con “El diablo en cada esquina”.

Se trata de una novela breve pero impactante. Urdida con un elenco de personajes perfectamente enlazados por la codicia, la casualidad, la mala suerte y un botín muy particular de ubicación inquieta.

Policías permisivos y corruptos, una prostituta, mafiosos, víctimas y sicarios se encuentran magníficamente imbricados en la construcción de una pirámide de poder en la que nadie está exento de sentir temor. Ledesma nos describe un “Miedo sin sinónimos, ni adjetivos. Miedo de verdad, de ese que se mete en el sueño y en la comida.” Y nos recuerda que “Todos los hombres, por muy alargada y oscura que sea su sombra, por muy lejos que lleguen sus brazos, tienen una luz que los ciega, una voz que les ordena y los hace tiritar.”

Nuestros compañeros de viaje transitan por un infierno urbanita. Algunos luchan por salir de él, pero, como si fueran caracoles huyendo del agua hirviendo, siempre tropiezan con una mano amiga que se encarga de devolverlos al caldero sin apenas permitirles asomar la cabeza para coger aire. Otros se dejan caer dentro de él con desidia. Está también el que se sabe y al que se acepta como impositor de las normas. No quiero olvidarme de quien se adapta al medio con suma habilidad, pero con resultados inciertos.

Dentro de ese mundo terrible los personajes se mueven, respiran, dialogan, follan, se pegan y se matan de una forma tan verosímil que te sitúa allí: lo ves, te duele, te avergüenza y casi te apartarías para no recibir. Pero no puedes. Esta novela tiene algo que no debería estar reñido con el buen texto: engancha. Y de qué manera. Porque todo sucede a ritmo de tentación continúa.

Se supone que El diablo en cada esquina ha consolidado a Ledesma como una de las voces emergentes del género negro. Es sorprendente que se pueda decir que “emerge” de alguien que escribe con tanto oficio.

En fin, había leído y oído que esta obra era de lectura obligada y leerla debía proporcionarme la satisfacción del deber cumplido. Pues no. Los tiempos de paz duran poco y ahora me silban “bueno, si te ha gustado “El diablo…” has de leer “Narcolepsia” (Alrevés 2012) y rematan “y que sepas que después del verano sale la nueva y dicen que va a ser la mejor”.

Pues habrá que comprobarlo.

Y vosotros, ya estáis avisados.

Montse Galera.

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Relatos de la mazmorra, 5.- Lealtad por Vladimir Hernández

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ACOSTA Y MACHADO (Los patrulleros)

4.- Lealtad

Negra sobre blanco. Las pieles ardiendo, intercambiando sudores. El ritmo, la sincronía de movimientos; gemidos, gritos, y palabras malsonantes que crean ecos en las paredes de la habitación alquilada.

Ella, encima de él, lo esperó y se corrieron juntos, con las manos entrelazadas.

—Tenemos que hablar —dijo la chica al rato.

—¿Será posible? —se burló él—. Las mujeres siempre quieren hablar después de un buen revolcón.

—Es en serio.

Machado se sentó al borde de la cama, con los pies descalzos apoyados en el suelo; el sudor se le escurría por el pecho y caía sobre las baldosas blancas.

—No me vayas a decir que estás embarazada y que no sabes de quién es.

Ella se abrazó a él por detrás, presionándole la espalda con sus cálidos senos.

—Sigues bromeando, chico —le amonestó—. Hoy estás imposible.

A Machado le agradaba su ternura, pero desconfiaba de las conversaciones postcoitales; a veces, una bala podía convertirse en un misil.

—A ver, Cachita, mi cielo —dijo él—. ¿Qué te ronda por esa cabeza?

La joven suspiró, le dio un rápido beso en el cuello, y declaró:

—No quiero seguir con esta relación.

El poli intuyó que el misil venía envenenado. Se encogió de hombros.

—Está bien —dijo resignado—. Siempre supimos que este momento iba a llegar. Tú eres la mujer de Acosta y yo nunca he aspirado a que eso cambie.

—No es eso.

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Pero él insistió:

—Fue bueno mientras duró. Dijimos que dejaríamos de vernos en cuanto tú lo quisieras así.

—No me estás entendiendo —dijo ella aferrándolo con fuerza, el tono oscuro de su piel contrastaba con el pecho blanco del hombre—. Lo que yo quiero es que dejes a Lalá, para yo divorciarme de Acosta y entonces poder formar una pareja contigo.

—Tú estás jugando, ¿no?

—No —respondió Cachita. Lo hizo voltearse y lo volvió a besar en los labios—. Lo digo en serio. Ya no soporto esta farsa. Odio salir los fines de semanas juntos y tener que ver a Lalá besándote y haciéndote caricias. No lo aguanto más. Te quiero para mí. Para mí sola.

Machado se deshizo del abrazo y se puso en pie. La miró ceñudo.

—¿Tú te volviste loca? —dijo estupefacto—. ¿Y Acosta qué?

Cachita se cruzó de brazos, acunando sus enormes pechos con las palmas de las manos. Las aureolas negras en torno a sus pezones eran enormes.

—Acosta es un problema mío. Si dejas a Lalá, yo me divorcio de Acosta.

—Pero, ¿qué estás diciendo, Cacha? —estalló Machado—. Acosta es mi amigo; ¡Mi hermano del alma! El hermano que nunca voy a abandonar. ¿Cómo se te ocurre proponerme semejante traición?

Ella le respondió airadamente.

—Me confundes, Machado. Llevas seis meses acostándote con la mujer de tu mejor amigo, ¿y me hablas de conflictos de lealtad?

A él le molestó que Cachita lo culpara de aquella forma; como si ella no tuviera una participación activa en la infidelidad. Se acercó a la ventana y apartó las cortinas de tela estampada. La luz del mediodía le obligó a entornar los ojos.

—Es mejor que sea así —dijo la joven—. ¿Sabes lo que pasaría si ese negro se entera de lo nuestro?

La sombra de Machado caía ahora sobre el rostro de Cachita.

—Olvídate de eso —declaró él, lapidario—. No voy a joder a mi compañero.

Cachita alzó las manos en señal de impotencia.

—¡Pero si ya lo estamos jodiendo!

—Te equivocas. Lo mío y lo tuyo no tiene nada que ver con Acosta. Y si eso es lo que crees, significa que en ningún momento has comprendido la base de esta relación. Esto… esta historia que tenemos, existe porque tú me gustas mucho y porque, de mutuo acuerdo, decidimos correr el riesgo de vivirla; pero no está sujeta a ninguna condición. Te lo repito: no voy a traicionar a Acosta; ni por ti, ni por nadie.

—Ese compadreo de ustedes me parece la cosa más rara del mundo —protestó la mujer en voz baja.

Machado se acercó a ella y le dijo con firmeza:

—Espero que no estés poniendo en duda mi hombría y la de tu marido.

Cachita empezó a sollozar. Se sentía impotente.

—No —respondió entre lágrimas—, pero no me gusta esta situación.

Él fue paciente. Extendió las manos y la tomó por la cabeza, hundiendo suavemente los dedos en su algodonoso cabello afro. Le dijo:

—No te pongas así, Cachita. Podemos solucionarlo. Sólo tenemos que olvidar que tuvimos esta conversación. Fingir que nunca ocurrió. Pero, insisto: no me pongas a prueba otra vez. Acosta es mi hermano. Siempre lo voy a escoger a él.

Y la besó.