Reseña, entrevista, Lo que nos queda de la muerte, de Jordi Ledesma

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lo-que-nos-queda-de-la-muerteLo que nos queda de la muerte (Editorial Al revés, noviembre de 2016) por MONTSE GALERA

Jordi Ledesma: (Tarragona, 1979) cursó estudios artísticos en la Escola Taller D´Arts i Oficis de Tarragona.

Es autor del poemario Agua de mayo (Silva, 2003) y de Narcolepsia (Alrevés, 2012), novela finalista de los premios literarios de la XXV Semana Negra de Gijón en la categoría de mejor primera novela negra. Y finalista de los premios leemisterio.com, en la edición de 2012, como mejor novela nacional. Narcolepsia ha sido publicada en México con el título de Narcosis (Ediciones B, 2014).

 Es guionista del cortometraje Checkout (Quartofilms, 2015), basado en un cuento homónimo, también del autor.

 El diablo en cada esquina (Alrevés, 2015), es su segunda novela. Con ella se ratifica como una de las voces emergentes del género negro.

 Participa con el cuento: El eco inexistente, en la antología Diez negritos; Nuevas voces del género negro español (Alrevés, 2015), compilación de cuentos negrocriminales, coordinada y dirigida por Álex Martín Escribà y Javier Sánchez Zapatero.

Reseña y entrevista a (casi) traición:

Por fin se terminó el tamborilear los dedos sobre los escritorios, ya salió a la luz la tercera novela de Jordi Ledesma “Lo que nos queda de la muerte” y en eso estamos muchos, en leerla, porque se anunciaba, desde hacía bastantes meses, como la mejor obra del autor hasta la fecha y algunos ya teníamos los dientes muy largos. ¡Hombre, me vais a dar la razón! Parecía que dada la altura del listón, el salto había de ser algo bonito de ver. ¿O no?

Promociones al margen, lo leído del autor había dejado el suficiente buen sabor de boca como para no demorar la lectura de esta novela y satisfacer, de una vez por todas, la curiosidad por saber qué significa exactamente “la mejor”. Bueno, y de constatar per una misma si estábamos de acuerdo.

Lo que nos queda de la muerte es una historia narrada dentro de un retrato cúbico. Me explico: me imagino un cubo de rubik entre los dedos de Ledesma. Ideo un autor moviendo capas, girándolas en un sentido, en otro; mostrando los personajes, acercándolos, alejándolos, combinándolos; y ahora se detiene para desvelarte una muerte, —un eje—, luego reanuda los movimientos sobre esa muerte y lo que ella arrastra; Como un tahúr insinúa las historias en las caras del cubo, pero con los colores aún mezclados, mantiene al lector mirándole las manos llenas de personajes yendo y viniendo, entrecruzando sus vidas en los bares, en las calles, en las plazas, en la escuela, en los callejones —como sucede en los pueblos o en las ciudades pequeñas donde todo el mundo sabe de todo el mundo a pesar de que todos esconden(mos) los secretos bajo candado —; retorciendo el cubo se escurren de la historia los trenes y las estaciones del año; y cuando, por fin, ves una cara completa, te dejas inocular, absorta, el veneno al que has de engancharte mientras, el cubo, que se va completando, se monta oliendo a mar y a puerto; a clases, a prejuicios y a estigmas; a especulación inmobiliaria, a negocios hoteleros, a explotación turística y a nuevos ricos; a esperpento, a vicio, a falta de escrúpulos, a instintos, a deseos, y a sed de justicia y de venganza…a mucha humanidad y a ninguna. Una vez montado, el cubo al que me refiero es un Cambrils de principios de los noventa, con todo lo que ello supone y con el que Ledesma ha armado su historia.

Esta novela es la nueva, pero el autor mantiene cierto estilo de las anteriores: el que te permite visualizar perfectamente lo que escribe. Me ha recordado Ledesma a alguna novela de Jayce Carol Oates leída recientemente en la que es capaz de darnos a conocer un personaje describiendo el efecto que éste causa en el resto del reparto. Sopesamos así, —lo pongo a modo de ejemplo—, el peso específico de una belleza más que sus formas (que también) y gracias, nuevamente a los movimientos del cubo, lo asimilaremos desde todos los ángulos, sobre todo desde dentro. Porque… si es cierto que Ledesma es capaz de hacernos visualizar escenas de sexo explícito, —para muestra, un botón que te deje cosid@ a la reseña, ¿no? ——, también es hábil en describirnos con nitidez el sexo en estado larvario, cuando es poco más que un silencio.

jordi-ledesma

Muchas veces siento curiosidad por las citas que los autores escogen para encabezar sus novelas o algunos capítulos de sus obras. En esta ocasión, además, se me antojaron elegidas con especial cuidado, reveladoras. Así mismo, confieso que, determinados aspectos de la novela, sobre todo referidos a la posible veracidad de la historia, me tenían, oye, en un sinvivir, y pensé… ¡pregúntale…tú! Y como Jordi Ledesma, además de ser un buen escritor y es un tipo la mar de majo y accesible…pues contestó.

—En las citas previas a la novela se puede leer: “Y tal vez lo niegue si sale de estas páginas”. Sé que lo negaré” y “No puedo jurarlo. Solo os diré que fue aquí, y pasó entre vecinos. “La primera de ellas la has utilizado también en las redes sociales, incluso has colgado la foto de un bar, “La estrella”, que mencionas en la novela. ¿Qué tanto por ciento tiene de verdad y de ficción la historia que nos cuentas?

—Los escenarios son reales. La historia es ficción. No creo que se pueda valorar el porcentaje de verdad, porque gran parte de ella está en el tercer continente que es el trasfondo social que se muestra.

—Durante el planteamiento de la trama ¿Cómo gestionas las reacciones de los lectores que puedan verse reflejados en la novela? ¿Puede la novela levantar ampollas? ¿Ya lo ha hecho? ¿Cómo están reaccionando los lectores de Cambrils?

No me planteo el impacto. Y menos a la hora de escribir. Tampoco está escrita para la gente de Cambrils, aunque suceda allí. Sólo es un escenario. Creo que el contexto vecinal y de convivencia sigue el mismo patrón en muchos sitios. Son roles sociales establecidos, y las distancias que generan son parecidas en cualquier lugar.

—La novela tiene un gran número de personajes muy bien imbricados, ¿Todos existieron? ¿Cuántos son de apoyo? ¿Cuál de ellos te ha costado más? (Ya sea porque te haya escocido escribirlo o costado más sudores o su resultado te deje más satisfecho…)

Creo que el narrador es el verdadero protagonista, aunque no tenga peso en lo que suceda. Además, asegura haber escrito él el relato, lo cual es absolutamente falso, porque lo he escrito yo. El resto de personajes practican el mismo juego, no hace falta ser de Cambrils para haber conocido gente parecida. A mí me gusta el Poeta, y ese sí es mero espectador.

—A continuación, citas a Mateo: “De cierto os digo que: cuanto hicisteis al último de mis hermanos, a mí me lo hicisteis.” ¿Con esta novela te quitas una espina? ¿Satisfaces de alguna manera una cierta sed de venganza? ¿De hacer justicia? ¿De dejar las cosas en su sitio?

—De alguna manera sí. Con la sociedad en general. Pero no es nuevo, mis anteriores novelas ya tenían esa perspectiva. Quizá en esta me atreva a señalar más.

—¿Crees que la novela negra es útil para denunciar hechos de los que de otra manera no se hablarían?

—Sí. Hechos y conductas. La novela, en general, sirve para eso. Y siempre ha sido así.

—¿Qué te ha dado escribir esta historia? ¿Qué te ha quitado? ¿Cuándo reconstruyes una historia así…queda algo roto?

—Crear mundos y personajes me aporta mucho crecimiento artístico y orgullo personal que se publique y lea. No me ha quitado nada, todo es aporte, salvo el tiempo empleado, aun así, escribir me resulta apasionante y placentero. Sí me ha endurecido de algún modo. Yo vivo a mis personajes, pero al no existir físicamente son fáciles de dejar atrás.

—Una de las características de tu estilo es la forma en que describes los personajes, la construcción de su mundo interior. Me llama mucho la atención como has trabajado los femeninos en ésta ocasión, tratando muy acertadamente anhelos cuya naturaleza se tienden a esconder y a enterrar ¿Te resulta especialmente complicado? ¿Cómo diseñas los personajes?

—Me baso en la humanidad, el sexo es lo de menos. A los personajes los trabajo desde su propia vivencia. No pienso en qué haría si yo fuera ellos, sino en que harían ellos siendo ellos mismos. Creo que ese matiz es importante.

Y llegamos a la cita de Vila-Matas “Hay episodios de nuestra vida dictados por una discreta ley que se nos escapa.” ¿Te escudas en ella para derivar la historia de cada personaje según necesidades estrictamente literarias?

—No, creo que la frase es brillante, y justifica las putadas que nos pasan a diario y la incapacidad de programar según qué.

—¿Cómo escoges las citas de tus novelas? ¿Qué importancias les das? ¿Las tienes en mente antes o las buscas después de escribir la novela?

—La frase de Walt Whitman: “La vida es lo poco que nos sobra de la muerte”, la tenía muy presente al empezar a escribir la novela. La otras las conocía, y en mi caso me ayudaban a contextualizar o crear una antesala sobre lo que acontezca.

—“Lo que nos queda de la muerte” es una novela breve. El Diablo en cada esquina también lo es. Tal vez Narcolepsia sea la que tiene más páginas. ¿Qué opinas de las novelas largas? ¿Tienes clara la extensión de una novela cuando la planteas o simplemente ocupa el espacio que necesita?

—Una novela debe ser tan extensa como sea necesario, e influirán muchas cosas en ello. Lo importante es lo que cabe. No me planteo una extensión previa. Opino que sería un error. El túnel, El coronel no tiene quien le escriba, El extranjero, El amante, Los Santos inocentes, Los timadores… son breves, pero contienen mundos extensísimos y personajes excelsos.

—¿Cómo va la novela en cuanto a promoción, ventas, reseñas, críticas? ¿está teniendo la acogida que esperabas?

—El feedback está siendo positivo. Pero es muy pronto todavía.

—¿Y en cuanto a tus proyectos inmediatos?

—Escribo cuentos con regularidad. Y trabajo en una novela.

—Muchas gracias.

—A ti.

Y llegados a este punto, empiezan de nuevo a tamborilear los dedos sobre el escritorio esperando a que llegue la cuarta de Ledesma. Porque una vez vista la altura del listón, el salto va a ser guapo, guapo.

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