Reseña: Una historia negra, de Antonella Lattanzi

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Una historia negra – Antonella Lattanzi

Una historia negra – Antonella Lattanzi por Alberto Pasamontes

Roja y Negra, 2018

Vito Semeraro es un maltratador. Hace ya tiempo que Carla, su ex mujer, consiguió librarse de él, pero Mara, la menor de sus tres hijos, echa de menos a su padre y ha pedido que acuda a su fiesta de cumpleaños. Todo sale a pedir de boca y Vito se muestra como un padre cariñoso, algo que, por otra parte, siempre fue, pues la única que probaba en sus propias carnes lo violento que podía llegar a ser, era Carla. Sin embargo, esa misma noche Vito desaparece misteriosamente. Durante los días siguientes, todo el mundo lo busca; la policía, Carla, que acabará por ser la principal sospechosa, sus hijos mayores Nicola y Rosa, que parecen mantener una relación casi amorosa, Milena, la amante de Vito durante los últimos catorce años, y la hermana de Vito, Mimma, y sus parientes que “tienen modales mafiosos”, según asegura la contraportada, y así se deja entrever en la novela.

Buen argumento para una novela negra, ¿verdad? Pues olvídenlo todo, porque esta no es una novela negra. Lo cual no sería malo si esta fuese una buena novela, pero me temo que tampoco. Y es una pena, porque es una novela necesaria. Caray, cuantas novelas…

En primer lugar, la cita respecto a la mafia de la contra parece hecha expresamente para captar la atención de los aficionados al género, porque lo cierto es que no tiene la más mínima influencia en la trama. Para que me entiendan, tiene la misma importancia que si un personaje es rubio o moreno o prefiere la Fanta de naranja al Sprite. En la edición anticipada que el jefazo de Somnegra ha puesto en mis manos, la frase promocional de La Repubblica dice “Un ritmo vertiginoso e ineluctable, rematado por una acción y unos diálogos de primera”. Lo cierto es que, tras un arranque prometedor, el ritmo es lento, especialmente durante la búsqueda de Vito, que se prolonga durante dos semanas y casi ochenta páginas en las que no pasa prácticamente nada; la acción brilla por su ausencia excepto durante diez páginas magistrales, estas sí, casi al final, en las que se narra de forma violentamente cruda y real lo que realmente pasó, y los diálogos, pues bueno, quizás hubieran sido buenos si la autora no hubiese decidido pasarse de original (más adelante me explicaré). En cuanto a lo de ineluctable, solo diré que hemos subido otro escalón en la absurda búsqueda de epítetos originales para intentar vender.

Busco la portada definitiva en internet. Afortunadamente, parece que los responsables de Roja y Negra han reaccionado a tiempo y finalmente han optado por otra mucho más acertada de Corriere della Sera, que promete “Una novela irresistible que narra la violencia contra las mujeres desde una perspectiva inédita”. A mí no me ha parecido irresistible, ya lo habrán notado, pero lo que no se puede negar es que Lattanzi lo trata desde una perspectiva, no sé si inédita, pero al menos valiente y poco usada. El problema es que se pasa de rosca, abusando de una estructura que trata de integrar diálogos, narración y párrafos explicativos en un solo bloque, intercalando e insertando unos dentro de otros, algo que resulta maravilloso si sale bien, pero que se convierte en una lectura farragosa y poco clara en el caso contrario. La escritura se revela forzada y lo que pretende ser asfixiante se vuelve irritante por pesado y falto de continuidad, obligándome de vez en cuando a leer más de una vez y más de dos un fragmento para comprender lo que estaba pasando. En otras ocasiones peca de un buenismo o inocencia, no sé por qué decantarme, que no pega con el libro y con el público al que está dirigido, como cuando una presa con pinta de ser capaz de arrancarle la cabeza a una serpiente de un solo bocado, ya saben, una especie de sociópata a la que solo le importa ella misma, se acerca a Carla para apoyarla y darle ánimos, o se descuelga con un infantil “También [los ojos] de la fiscal despedían rayos, restallidos y truenos”. ¡Cáspita, repámpanos y retruécanos!, me dieron ganas de exclamar en medio de un ataque de risa.

Por último, insistir: por mucho que haya un fiambre y no sepamos hasta el final quién le ha llevado a esa condición, no es una novela negra. Ni siquiera policiaca. Hacen falta otros elementos para considerarla negra. Es una novela sobre sentimientos, íntima en ocasiones, sobre maltrato, necesaria quizás, seguramente. Una historia que debería llegar a remover las tripas y la conciencia del lector, pero que a mí me ha dejado frío debido a su ejecución poco hábil.

Una pena.

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