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El karma del inspector González, de Sebastián Vázquez

El karma del inspector González, de Sebastián Vázquez editado por Almuzara

El Karma del inspector González, de Sebastián Vázquez por José Rasero Balón

Comprar: El Karma del inspector González

El Karma –según apunta Sebastián Vázquez al inicio de la novela– viene a significar, en cañí, que “el que la hace la paga”. Y eso es lo que consigue a lo largo de sus 335 páginas, milagrosamente, el inspector González. A González –a punto de ser apartado del caso de un asesino en serie por los nulos resultados de sus pesquisas, que su jefe achaca a su mala vida (bebe, juega a los naipes y acumula peligrosas deudas, va de putas, se deja corromper)– el destino, de pronto, parece sonreírle. Y de tal modo que comienza a resolver casos en cascada, como fichas de dominó que caen una detrás de otra. Eso sí, el primero de ellos, las cinco mujeres asesinadas, se lo endosa sin rubor –sabiendo que es inocente– a Karim, un pequeño traficante de origen magrebí. ¿La razón? González ha de ofrecer alguna cabeza con urgencia a su jefe y, además, Karim es el novio de Verónica, la prostituta por la que el inspector anda colado. González es –sí, con todas las de la ley– un ser repugnante, con la diabetes y el infarto pisándole los talones. Pero tiene un rincón limpio en su corazón. Es capaz de todo por su hija Marta. Ama a Verónica. Se la juega por su compañero más leal.

Será a partir del caso del asesino en serie que, con González siempre en heroica primera línea, caiga una red de narcotraficantes internacional, sea descubierto un torturador de la Argentina de Videla, se desmantele la mafia que controla el juego y la droga en Madrid, etc. Además, por si fuera poco, el inspector consigue salvar su propia vida, seriamente en peligro, y no solo por su salud de pena.

Pero no todo es el inspector González en la novela. Junto a este gran personaje se despliega un enorme abanico de buenos secundarios. Además de los ya mencionados podríamos destacar a El Culebra, gitano y confidente del inspector; El Rólex, capo de la mafia madrileña; El Pintor, aristócrata, homosexual, aficionado al Arte y adicto al juego; Marisa, ex del inspector, y Pilar, su suegra, aficionada a los porros y al tarot. Y Luis, hermanastro de Karim.

La trama es otro gran logro de la novela. En realidad, es un conglomerado de hilos narrativos que el azar, como a los personajes, hace confluir de forma verosímil; que van encajando sin rechinar, y que –aunque en algún momento de la lectura nos parezca imposible– el autor consigue resolver con maestría, sin dejar suelto ninguno de los múltiples cabos, como una maquinaria perfectamente engrasada. Lo único que queda bien abierto es la continuación de las aventuras del inspector González.

Una gran novela negra, empapada de violencia y muerte, muy divertida, vigorosa, con un ritmo frenético, que apenas te permite respirar ni reflexionar acerca de lo que vas leyendo. La acción manda. Es también, podríamos añadir, toda una enciclopedia del delito y de los bajos –y altos– fondos de la ciudad de Madrid.

Sebastián Vázquez Jiménez

Sebastián Vázquez Jiménez (Madrid, 1953)

Desde 1992 es editor en Editorial Edaf y director de Arca de Sabiduría, colección especializada en textos clásicos de las filosofías y religiones de Oriente. Es autor de libros como La presencia de Dios (1996) y coautor junto a Ramiro Calle de Los 120 mejores cuentos de la tradición espiritual de Oriente (1999) y Los mejores cuentos de las tradiciones de Oriente (2003). Asimismo, ha publicado la novela Por qué en tu nombre (2010).

Sinpiedad, de Bernardo Carrión

Sinpiedad – Bernardo Carrión

Sinpiedad – Bernardo Carrión por David Gómez

«Sinpiedad está consiguiendo sacar lo peor de la gente».

Debo reconocer que al principio tuve mis dudas sobre mi satisfacción al respecto de la lectura de Sinpiedad, pues al ver que era un thriller político y social creí que mi cansancio acumulado al ver tantísimas noticias al respecto podría influir muy negativamente a la hora de leerlo.

Por eso es de justicia decir al inicio de esta reseña que me lo he pasado en grande leyendo la primera novela de Bernardo Carrión, jefe de comunicación del Festival negro Valencia negra.

No es fácil publicar una primera novela y mucho menos hacerlo con la credibilidad que lo hace Bernardo Carrión en Sinpiedad.

Una posible parte de la fórmula, capítulos cortos e ir al grano sin perder mucho tiempo en descripciones y momentos que nada tiene que ver con la novela y que serían más propios del relleno. Con todo, la novela no es corta; tiene cuatrocientas páginas, pero se leen a una velocidad endiablada llevados por una buena construcción que le da agilidad a la lectura y esos capítulos cortos.

Y cuando digo capítulos cortos, digo capítulos cortos, sobre todo al final en los que algunos no tiene más de dos páginas y vas cambiando de un escenario a otro con unas ganas locas de saber que pasa en uno y en el otro.

«Una acción contundente era la única respuesta la estafa institucional que empobrecida la población».

Una novela que podríamos considerar coral, pues cada uno de los personajes construye a su alrededor una parte capital de la ficción. El conjunto de todos los personajes crea el gran puzle de Sinpiedad. El elenco de personajes no tiene desperdicio, pero lo más interesante para mí ha sido el concepto del personaje culto y la conexión de la novela con el 15M. Se podría decir que Bernardo Carrión ha construido una posible continuación, malvada, de lo que pudo ser un 15M, una distopía en toda regla.

Y volviendo al personaje culto, que bonita la imagen de dicho personaje desconectado del mundo por completo y dedicando su tiempo a nutrirse, durante catorce horas diarias, de los clásicos en filosofía, idealistas, empiristas, religión, ciencia ficción, novela contemporánea, ensayo,…Todo un sueño que se va truncado cuando dicho personaje abre su clausurado mundo a Internet.

«Debía sanar el sufrimiento humano».

Lo comentaba al principio. Creo que Bernardo Carrión hace un buen trabajo de construcción en una novela donde más de la mitad de su argumentación es recordar los desgraciados casos de corrupción política de la Comunidad Valencia y algunos otros elementos, pero lo hace con estilo, dándole la importancia justa en cada momento y sin pasarse de frenada lo que hubiera provocado una novela de más de seiscientas páginas, pero dura como una roca.

Otro punto que me ha tocado la fibra, y supongo que esa era la intención del autor, es los daños colaterales derivados de las acciones de esos corruptos. No cuento más, pero creo que solo por esos daños colaterales podría llegar a entender que alguien se tomara la justicia por su mano. No digo que esté de acuerdo, digo que lo podría entender, que no compartir.

Te invito a conocer Sinpiedad y de paso disfrutar de una muy buena lectura negrocriminal. Por lo que parece a algunos sectores no les has sentado nada bien que una novela de ficción los señale con el dedo y alguien pueda llegar a idear, en su imaginación, un portal como Sinpiedad.

Señores es ficción y si me apuráis, un desahogo para no hacer una locura.

Sinopsis

Mientras las élites saquean las instituciones y los ciudadanos sufren la crisis, el portal sinpiedad.org ofrece venganza contra los imputados en casos de corrupción.

En la España posterior al crack de Lehman Brothers y al estallido de la burbuja inmobiliaria, un grupo de políticos y banqueros corruptos traza un plan para enriquecerse mediante la adjudicación de proyectos públicos en Valencia. Desconocen la existencia de un misterioso ermitaño, fanático de la lectura, que desde una aldea gallega abandonada se sumergirá en el universo hacker.

Mientras las élites saquean las instituciones y afloran los casos de corrupción, los ciudadanos soportan paro de larga duración, sufren desahucios o ven recortados los servicios sanitarios.

Por este thriller político y social desfilan variados y memorables personajes: un alcalde sin escrúpulos, un antiguo empleado de Lehman Brothers, un militante con ganas de ascender, una interiorista en la cresta de la ola, un anciano mafioso siciliano, un ex tirador de élite del ejército español, la empleada de una carnicería, los periodistas de un diario digital de provincias o un grupo de perroflautas. Todos ellos se verán involucrados en las actividades de un grupo liderado por el ermitaño que opera desde el portal sinpiedad.org para ofrecer a los ciudadanos una venganza contra imputados en casos de corrupción. Esta trepidante novela, llena de ritmo y acción, supone el deslumbrante debut de Bernardo Carrión, un autor que ha venido para quedarse.

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Pisa mi corazón, de Elisa Beni

Pisa mi corazón – Elisa Beni por Alberto Pasamontes

En Pisa mi corazón (Almuzara, 2017), la periodista Elisa Beni nos presenta un thriller que escarba en las pasiones ocultas de los estratos más altos de la sociedad. Hombres poderosos, por encima del bien y del mal, acostumbrados a manipular, a conspirar, a imponer su voluntad a todo el que le rodea sin importar nada ni nadie. Quizás, hombres aburridos que tienen absolutamente todo y que buscan emociones fuertes yendo siempre un paso más allá. Seremos testigos de las maniobras de las grandes empresas, grupos de poder, lobbies, corporaciones; también de los políticos, de miembros del gobierno, de la judicatura, por mantener sus privilegios y cuotas de negocio.

La novela comienza con una sesión de sado extremo tras la que Enrique González-Weimar, uno de los principales empresarios del país, pierde la vida. Que no piense nadie que estamos ante una copia o versión de las sombras del señor Grey. Afortunadamente. La misma autora se encarga de tomarse un poco a pitorreo ese tipo de novelas en un pasaje del libro. Aquí el sado está tratado en su justa medida, contando lo necesario para el desarrollo de la trama, y sabiendo huir, con magnífico criterio, de escabrosidades innecesarias.

La idea es buena y el tema interesante, pero queda un sabor agridulce al comprobar que hay numerosos altibajos a lo largo de la novela, alternando capítulos productivos y que llegan a enganchar, con otros que pierden fuelle y que no parecen llevarnos a ningún sitio. En ocasiones, Beni peca de un exceso de narración introspectiva por parte de los personajes que lastra la lectura. No es que la historia no avance, ni siquiera que haya paja, que no la hay, o muy poca (son poco más de 300 páginas), sino que el modo elegido para contarlo no ha sido el más apropiado desde el punto de vista novelístico. Posiblemente, la profesión de la autora, su tendencia al texto periodístico, tenga algo que ver en esto. Las descripciones son acertadas, así como los ambientes y la construcción de personajes, claramente definidos. También las conversaciones son convincentes, excepto una que se produce entre la viuda y el hijo del empresario asesinado, que me resultó ridícula y estirada. Pero, insisto, es una excepción dentro del conjunto de la novela.

Según se acerca el desenlace (en especial al hilo de la reaparición, después de muchas páginas, del personaje de Claudia, una dómina que hace valer su condición y personalidad para someter al lector, y que es, desde el primer momento, la principal sospechosa del asesinato del empresario), la novela gana en ritmo y cadáveres, algo que agradecemos después de esos altibajos que comentaba más arriba. Así, son los últimos capítulos los que más se disfrutan de todo el libro.

En resumen, un thriller (no novela negra, aunque la editorial le ponga esa etiqueta para subirse al carro) no tan palpitante como nos vende la contraportada, a ratos agradable, que se deja leer pero que no ha sido exprimido al cien por cien por su autora. Aceptable.

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