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La cajita de rapé, Javier Alonso García-Pozuelo

La cajita de rapé” (editorial Maeva) de Javier Alonso García-Pozuelo por Germán González

A diferencia de lo que creen muchos autores, editores y lectores la principal razón de la existencia de la novela negra no es su capacidad para plantear y resolver un misterio. Su objetivo es entretener a la persona que se acerca a esa obra y por eso, en estos tiempos de competencia feroz con una oferta que casi colma la demanda, los escritores apuestan por la especialización y por un producto que sorprenda. En este contexto, se está consolidando el subgénero de la novela negra histórica o novela histórica negra, ya que el orden de etiquetas no altera el resultado final, e incluso podríamos hablar de una nueva división según la época en la que se sitúa la trama. No sólo están las que pasan en períodos concretos ricos en detalles, como la Guerra Civil o la II Guerra Mundial, sino que también las hay lejanas como la época romana o hasta en el futuro.

La cuestión se complica cuando la trama se sitúa en una época histórica anterior de la que tenemos mucha información gracias a los testimonios, orales y escritos, que nos han llegado. En estos casos, el rigor del autor es un elemento más a tener en cuenta no sólo para hacer verosímil la obra sino para ser capaz de ofrecer una lección académica sobre ese momento concreto de nuestro pasado. No hay nada más edificante que al mismo tiempo que nos entretengan nos formen, aunque hay que recordar que en las obras de ficción numerosos detalles pueden despistar al lector. Sin duda, el libro “La cajita de rapé” de Javier Alonso García-Pozuelo es un ejemplo de esta minuciosidad, hasta el punto de que en algunos momentos el relato costumbrista del Madrid de 1861 se antepone a la narración policiaca.

No se puede negar que el autor conoce con precisión quirúrgica, (aquí se nota los estudios), la realidad del Madrid de mitad del siglo XIX no sólo las intrigas de poder entre los diversos grupos de moderados y progresistas, que se dirimían en palacios, gabinetes, cafés o periódicos, sino también en las costumbres o en la geografía urbana y humana de la ciudad. Incluso hay una especial atención a los numerosos acentos y jerga que se podían escuchar por las calles de barrios muy castizos o a las particularidades de cada oficio. A veces la novela peca un poco del folletín al que se quiere parecer, como cuando se habla de las preocupaciones familiares de los protagonistas o se pierde en detalles irrelevantes para el devenir de la narración, así se aleja de la novela de misterio pese a la fuerte presencia del inspector José María Benítez, un personaje con mucha personalidad capaz de sobresalir entre los policías de su subgénero literario.

Y es que uno de los mayores aciertos del libro es dibujar un investigador tan cargado de contradicciones, de culpas y de inteligencia como Benítez al que encima sitúa perfectamente en el ambiente político y costumbrista de ese Madrid que quiere convertirse en una ciudad moderna, como apuntan algunos de los burgueses que aparecen, pero que tiene el lastre de una clase política todavía muy acomplejada por la desmembración sistemática de las colonias que formaron el Imperio español. No es de extrañar que las siguientes aventuras de Benítez ocurran en los casi 40 años que faltan desde el 1861 de esta novela a la pérdida de Cuba y Filipinas en 1898, ya que fueron los años más intensos del siglo XIX.

La trama arranca cuando el inspector Benítez y su equipo se deben hacer cargo de un robo, que acabó con un asesinato, en la casa de una familia rica del distrito de la La Latina de Madrid. La investigación irá paralela a las conspiraciones políticas, a las presiones que recibirá el policía para mantenerse fiel a los que gobiernan y a sus particulares demonios familiares, que iremos conociendo a lo largo del libro, y que dejan algún camino abierto para nuevas entregas. Sin duda, Benítez se rodea de un equipo muy competente y encima tiene la habilidad de acordarse de los dos apellidos de todos ellos, pese a que habitualmente son de lo más común, cuando los nombra para así poder ayudar al lector a diferenciarlos. La minuciosa investigación, lenta y pesada en algunos momentos, converge en un trepidante final que igual necesitaría más digestión y explicación.

Sin duda la formación académica del autor, ya que es licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidad Autónoma de Madrid, y diplomado en Cooperación Internacional por la Universidad Complutense de Madrid, ayuda a entender su capacidad de ser tan minucioso en el momento de recrear el Madrid de 1861. Javier Alonso García-Pozuelo (Madrid, 1972) fue profesor de salud pública, epidemiología y educación sanitaria además de redactar y editar textos científicos. Su pasión por la historia y la literatura lo ha llevado a mantener el blog ‘Cita en la Glorieta’ y también es compositor de sus propias canciones que lleva a los escenarios en solitario o acompañado de una pequeña banda acústica.

La cajita de rapé

La cajita de rapé, de Javier Alonso García-Pozuelo dedicado por el autor.

La cajita de rapé – Javier Alonso García-Pozuelo – Maeva

Esto es un no parar!!! otra promoción que os traemos, y es que cuando decimos que SomNegra es la casa de la novela negra es por algo.

Esta vez y con la colaboración de la editorial Maeva os traemos La cajita de rapé una historia  del inspector Benítez, un policía en el Madrid del siglo XIX dedicada por Javier Alonso García-Pozuelo.

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La cuarta víctima, de Mari Jungstedt

La cuarta víctima de Mari Jungstedt – Novela policiaca – Maeva por FERNANDO TERRADEZ 

Pero no había aprovechado la ocasión, lo había echado todo a perder. Entendía muy bien que ella podría haber hecho las cosas de otra manera. No era tan estúpida.

Aunque, en cierta manera, también era culpa de ellos”

Mari Jungstedt La cuarta víctima

Biografía

Mari Jungstedt (Estocolmo, 1962) es considerada como una de las más populares escritoras nórdicas del género negro. Antes de dedicarse a la novela, fue periodista de la radio y la televisión pública sueca. Su obra se centra en las novelas de la serie de Gotland protagonizadas por el comisario Anders Knutas y el periodista Johan Berg, así como por sus dos colaboradoras, la policía Karin Jacobsson y la cámara Pia Lilja, todos ellos personajes fundamentales en el desarrollo de la trama. La serie se inició con la publicación de Nadie lo ha visto en 2003. La cuarta víctima es la novena entrega de una serie de la que se han vendido más de dos millones de ejemplares en Suecia y tres millones en el resto del mundo. En la actualidad vive en Canarias y compagina su trabajo de escritora con el de embajadora de la ONG SOS Children Villages.

Sinopsis

Tres encapuchados atracan un furgón blindado de un banco en la tranquila localidad de Klintehamn, en la isla de Gotland. En su huida, atropellan a una niña de seis años que fallece posteriormente en el hospital. Poco después uno de los atracadores es asesinado en la casa de campo donde se refugia la banda. Mientras la policía encuentra el cadáver del atracador y lo relaciona con clubes de motoristas de Gotland, la prensa descubre por medio de un testigo que uno de los atracadores es una mujer. A partir de este momento se producen dos investigaciones paralelas, la oficial, dirigida por el comisario Anders Knutas, y la de la prensa, llevada a cabo por el periodista Johan Berg. Ninguna pista ayudará a descubrir las verdaderas causas de los trágicos acontecimientos posteriores.

Reseña

¿Predecible? Probablemente sí, pero no por ello menos intrigante y más llena de suspense. Leer esta novela, que seguramente se posicionará como un éxito de ventas, es un auténtico placer, pese a que si te apasiona el género negro posiblemente descubras el culpable mucho antes del desenlace final.

Una novela que te seduce más por su estructura que por sus hechos. Nos encontramos ante la clásica novela policial de capítulos cortos, con finales en suspense, y tal vez debido al lugar donde se desarrolla, con unos acontecimientos inesperados para ese ambiente tranquilo, casi idílico, de la isla de Gotland. Un espacio poco poblado, con habitantes que disfrutan de la tan anhelada sociedad del bienestar y donde no es común que sucedan robos y homicidios tan desgarradores que puedan alterar esa calma cotidiana.

Los acontecimientos investigados por la policía y la prensa, actores con papeles antagónicos y complementarios en toda la historia, ocurren porque son la consecuencia de un pasado. Por un lado, el pasado de una parte de los personajes que nos parece plácido, incluso demasiado familiar, cotidiano y aburrido, y al que no le damos importancia, pero que lleva escrito un destino trágico que explicará cómo se engendra el odio en seres cándidos, inofensivos. Por otro, el pasado excesivamente marcado de otra parte de los personajes, tratado a veces de una manera demasiado obvia, como ocurre con la protagonista femenina, donde unos progenitores que destrozaron su infancia y unas compañías que convirtieron el límite de su adolescencia en criminalidad provocarán el robo y el atropello causantes de los acontecimientos posteriores.

Por último, no hay que olvidar la pista falsa, como el título de una obra de Mankell, tan habitual en las novelas policiacas nórdicas. La venganza es siempre el motivo, el punto de partida, pero en este caso la autora nos hace que creamos lo obvio, lo fácil, y atemos cabos demasiado pronto, casi al principio de la trama. Una niña atropellada por unos ladrones en su huida, un padre destrozado, un cuchillo de cocina, una cicatriz y una mano izquierda, unos motoristas con ganas de tomarse la justicia por su cuenta, son la resolución más rápida, pero no dejan de ser pistas falsas. Este es otro de los alicientes de esta novela, hay que ir tejiendo una red de acontecimientos pasados hasta poder encontrar al verdadero culpable y los motivos de su crimen, y el final de cada capítulo nos anima a seguir leyendo, nos engancha, porque nos deja en un suspense que se mantiene en el siguiente capítulo dado que cambia radicalmente de línea argumental. Mari Jungstedt sabe conjugar el suspense de la trama, de la historia, con la vida privada de los personajes, y aunque pueda parecer un poco sensiblero en algunos momentos, es un recurso perfectamente manejado para mantener al lector en vilo durante toda la novela.

Al referirse a las tres autoras nórdicas de novela policial más populares en la actualidad (Mari Jungstedt, Camilla Läckberg y Asa Larsson), Paco Camarasa afirma:

Las tres autoras comparten un lenguaje sencillo, llano, que hace que sus historias se lean fácilmente, sin angustias ni taquicardias. Capítulos cortos, descripciones de los lugares y de las personas, y una naturaleza que todo lo envuelve. Y siempre atienden al pasado, el lugar donde investigar para entender los delitos del presente

(…)

Y las tres nos ofrecen siempre finales sorprendentes en unas novelas donde hay más crueldad y odio que violencia y delincuentes”.

Paco Camarasa (2016) Sangre en los estantes

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