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Las mejores reseñas de novela negra: Mis rincones oscuros, James Ellroy

Mis rincones oscuros, de James Ellroy

Mis rincones oscurosJames Ellroy por Ramona Solé

Comprar: Mis rincones oscuros

Lee Earle Ellroy, más conocido como James Ellroy, nació en Los Ángeles, California, el 4 de marzo de 1948. Es un escritor estadounidense, autor de las novelas en las que se basan los éxitos cinematográficos “L.A. Confidential” o “La Dalia Negra”.

Su madre, Geneva Odelia, era enfermera y su padre, Armand, era contable y antiguo gerente de la actriz Rita Hayworth. Después del divorcio de sus padres, Ellroy se fue a vivir a El Monte (California) con su madre. Cuando Ellory tenía solo 10 años, su madre fue violada y asesinada. La policía nunca encontró al responsable de los hechos, y el caso quedó sin resolver. 

James Ellroy ha alcanzado gran notoriedad tanto por sus libros, como por lo especial de su personalidad. Esta novela o biografía, parte de un hecho trágico que forzosamente tuvo que marcar la vida del escritor. No ha de resultar fácil relatar la crónica del asesinato de tu propia madre, quizás por eso lo hace desde cierta distancia. 

En la primera parte, “La pelirroja”, nos relata el hallazgo del cadáver, la investigación, nos muestra el entorno, el valle de St. Gabriel, formado por una fauna muy diversa y peligrosa, aunque en la zona no había casi asesinatos. El monte “La ciudad de las divorciadas”. Ellroy escribe sobre ello con una redacción que se asemeja más a los informes policiales que a una novela. Paso a paso, seguiremos los hechos y las investigaciones que llevaron a la policía a un punto muerto. 

En la segunda parte, “El niño de la foto”, con aires más novelísticos, nos relata su vida partiendo des del asesinato, cuando solo tenía diez años. Nos abre las puertas a su intimidad, no solo nos muestra lo que paso a lo largo de los años,  nos abre la puerta a sus pensamientos, deseos, obsesiones oscuras y perturbadoras, probablemente a causa de la no resolución y todas las incógnitas que acompañan a la muerte de su madre.

Viviendo con una figura paterna, que más que permisiva estaba llena de despropósitos, crece sin guía, rodeado de suciedad y pobreza. Su infancia y adolescencia marcada por la obsesión por los asesinatos de mujeres, robos, radicalismo, racismo, voyerismo, drogas… Una trayectoria vivida a trompicones, sin figuras adultas de referencia estables, a veces con malas compañías, a veces siendo él una pésima influencia para sus amigos. 

Tiene miedo a la locura, pero también a estar demasiado consciente y tener que enfrentarse al análisis de su vida. Cuando la vida es un trauma continuo: “La cárcel no resultaba algo tan jodidamente traumático

Durante todo el libro nos habla de muchos otros casos de asesinato. La tercera parte, “Stoner”, lleva el nombre del detective del caso de su madre, y es un cúmulo de casos y más casos diversos, también con una narración directa, estilo documental.

En la última, “Geneva Hillikeer”. Empieza cuando el autor, con cuarenta y seis años, decide ver el expediente de su madre. En esta parte nos abrirá otra ventana a la vez que la abre para él.

Un libro especial, una biografía llena de tragedia y dolor anestesiado.

Sirenas, de Joseph Knox

 

Joseph Knox

 

Sirenas, de Joseph Knox por José Rasero Balón

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Sirenas es la primera novela de Joseph Knox. La edita Penguin Random y saldrá a la venta en España en febrero. La editorial ya ha anunciado para marzo la publicación de The Smiling Man, la segunda del autor, también con el inspector Aidan Waits como protagonista. De Joseph Knox solo sé lo que aparece en su web: “Nació y creció en y alrededor de Stoke y Manchester, donde trabajó en bares y librerías antes de mudarse a Londres. Lee, escribe y corre compulsivamente”.
En la solapa de la edición no venal que tengo en mis manos, entre otros comentarios favorables, me llama la atención el que firma Paco Camarasa: “Léanla y estarán de acuerdo conmigo: la editorial nos engaña si insiste en que una novela tan excepcional y redonda como esta es una ópera prima”.

Sirenas, de Joseph Knox

Veamos.
El joven inspector de policía Aidan Waits no vive su mejor momento. Su breve carrera policial está a punto de irse al garete debido, en gran parte, a sus variadas adicciones –pastillas, cocaína, alcohol–, que lo llevan a sustituir la coca decomisada como prueba (en la comisaría) por polvos de talco. Y lo pescan. El superintendente Parrs le ofrece dos alternativas: la cárcel y el posterior desempleo, es una; infiltrarse en la Franquicia del capo Zain Carver y descubrir qué policías están siendo untados por la organización es la otra. Aceptará la segunda.
Waits trabajará asimismo para el parlamentario David Rossiter, en la búsqueda de su hija desaparecida, Isabelle, que podría haberse convertido en una nueva sirena: las jóvenes que van de club en club recaudando el dinero de las drogas para Zain Carver. La prostitución, la servidumbre –las chicas pertenecen al capo– son parte del tabú que esconde la bella palabra.
A partir de este planteamiento asistimos a un retrato demoledor de un Manchester (brutal personaje per se) nublado y oscuro, descrito de forma detallada y rica en imágenes. Las sucias calles, los bares y clubs nocturnos, los neones y los barrios a los que ni la policía se acerca son las zonas urbanas que acogen a drogadictos, intermediarios y proveedores, en las que reina una violencia descarnada y donde las pandillas luchan por el control del negocio. Por su parte, los altos edificios de las afueras, que vencieron a la tragedia de la crisis, amparan la corrupción y la codicia de políticos y clases adineradas. Y ambos mundos se interconectan más de lo que pudiera parecer.
Nadie es inocente, en nadie podemos confiar, parece decirnos Knox.
Sirenas es un thriller inspirado en el clásico hard boiled, urbano, con las dosis de violencia y corrupción –política y policial– propias de la mejor novela negra. Las diferentes capas que lo componen se irán desmenuzando hasta llegar al desenlace –y a la explicación– final. El repertorio de personajes es amplio. Y de calidad. Las sirenas Sarah Jane, Cath, Isabelle Rossiter, el capo Zain Carver, su lugarteniente Grip, su oponente Sheldon White, los policías, el Bicho…
La primera persona del protagonista logra una narración coherente con el personaje –complementada con unos diálogos que cumplen su función de hacernos avanzar– mediante una prosa a veces desquiciada, que refleja con acierto su mente turbada por las drogas. Waits vive en una bruma narcótica cotidiana. Lo mueven la negligencia, la rabia y sus vehementes instintos. Y le funciona.

La acción avanza a un ritmo de montaña rusa, al igual que los movimientos de Waits que, tras ascender, por ejemplo, al refinamiento y a la modernidad de Beetham Tower, se precipita a continuación a las calles y subsuelos más depravados de la ciudad, y ofrece también al lector breves reposos para digerir y reflexionar sobre lo sucedido, repasar las pistas que van apareciendo y aproximarse a las soluciones que están por llegar.
Muy recomendable novela negra, en definitiva, que recrea y combina lo mejor de los clásicos con cierto desparpajo contemporáneo. Una gran ópera prima, si desoímos al maestro Camarasa, claro.

 

Mentiras, de Yrsa Sigurdardóttir

Mentiras – Yrsa Sigurdardóttir

Mentiras – Yrsa Sigurdardottir por Alberto Pasamontes

Niebla espesa y húmeda, la dosis justa de frío, mucho, mucho viento, unos desconocidos, un par de lugares aislados y unos sucesos del pasado. Todo muy visto, pero efectivo. Si a todo ello le añadimos un escritor islandés, escritora en este caso, tenemos todos los elementos para una novela inquietante y opresiva. Y muy entretenida.

Como decía, nada nuevo bajo el sol (poco en este caso, ya saben, hablamos de Islandia). Pasó ya el tiempo en que los lectores de estas latitudes más benignas climatologicamente hablando nos sorprendíamos con el cóctel descrito más arriba, pero lo cierto es que no todos los autores saben manejarlo de igual modo, e Yrsa Sigurðardóttir lo hace muy bien.

Mentiras (Roja y Negra, 2017) arranca con una serie de turbadores acontecimientos en los primeros capítulos. Tres historias aparentemente inconexas (cuatro operarios que tienen que arreglar un faro en un islote remoto, una familia que regresa a su casa tras las vacaciones, una policía que debe superar el intento de suicidio de su marido), dotadas de un cierto aura sobrenatural en ocasiones, que transcurren de forma paralela en el tiempo. Sigurðardóttir nos lleva de una a otra con agilidad, a través de capítulos bien medidos en los que, sin embargo, hay que anotar en el debe un uso excesivo del cliffhanger. Ocho seguidos (sí, me he molestado en contarlos) es excesivo, se mire como se mire, y el recurso acaba perdiendo efectividad.

La novela se lee con mucha facilidad, es divertida y rápida, a pesar de esa costumbre tan propia de los escritores septentrionales de gastar media página para narrarnos cómo alguien sube un escalón (debe ser cosa del frío, que ralentiza el metabolismo). En realidad, es un recurso que trata de hacer subir la tensión narrativa, aunque hay que reconocer que Yrsa Sigurðardóttir no es de los que más abusan en este sentido. Cada una de las historias tiene su ritmo y elementos diferenciadores propios, y la autora sabe hacerlas fluir con sedosa naturalidad hacia el momento en el que las tres acaban por converger, el punto en el que cada elemento encaja con los demás casi con precisión suiza. Y digo casi, porque hay un aspecto de una de las historias que no me acaba de cuadrar. No sé cuál será la costumbre en Islandia y me parecería raro que sea distinta a la de aquí en una situación similar, pero (atención, spoiler de aquí al final del párrafo) si uno piensa que las llaves de su casa pueden haber caído en malas manos, lo primero que hace es cambiar la cerradura.

Que nadie se eche atrás por esto. Superado ese detalle que, dicho sea de paso, la autora podría haber resuelto de mejor modo con facilidad, lo cierto es que la trama está bien trabajada y el punto de partida que genera toda la historia y que conoceremos en las últimas páginas es consistente y genera interés. Una historia, en definitiva, que nos mantendrá entretenidos, que enganchará a muchos lectores, en especial si son aficionados al noir nórdico, y que no disgustará a nadie. Al fin y al cabo, ¿no es eso lo que le pedimos a una novela?

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