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La chica que llevaba una pistola en el tanga, de Nacho Cabana

La chica que llevaba una pistola en el tanga – Premio L´H Confidencial 2014

La chica que llevaba una pistola en el tanga  – Nacho Cabana por Alberto Pasamontes

Todos sabemos, las mujeres mejor que los hombres, que hay diferentes tonos de colores. Azul Bugatti, gris plomo, rojo sangre, verde Guardia Civil…

Pues también hay tonos de negro. Negro ébano, negro noche, negro pólvora, negro ánima de Magnum 357 apuntándote a la cabeza. Y luego, más allá, mucho más allá, hay otro que hace palidecer a todos ellos; el negro que envuelve La chica que llevaba una pistola en el tanga (Roca Editorial, 2014) de Nacho Cabana, la novela que nos ocupa y que mereció el Premio L’H Confidencial 2014.

Arranca con fuerza la novela. Con un par de descerebrados (léase Skinheads) dando una paliza a una familia de rumanos (la hija del matrimonio muere a causa de los golpes recibidos) en el subterráneo que conecta Plaza de España de Madrid con la Cuesta de San Vicente, probablemente uno de los lugares más feos de Europa Occidental, según reza, con razón, la novela. Y con una policía, Violeta, jugándose el tipo para impedir que los descerebrados escapen. De allí, la investigación los llevará, a ella y a su compañero Carlos, hasta un burdel de Murcia donde trabajaba la hermana de la niña asesinada.

Simultáneamente, en México D.F., un taxista español saca lo suficiente para mantener a su mujer y su hija trabajando en el peligroso turno de noche y llevando a turistas con ganas de fiesta a un exclusivo y discreto burdel a cambio de una pequeña comisión. Sí, de nuevo un burdel. Porque de esto va la novela: de prostitución, de trata de blancas, de los más sucios y bajos instintos que el ser ¿humano? puede albergar. Un tema duro, muy duro. Y negro como la nada.

Nacho Cabana se pregunta, nos pregunta, hasta dónde estamos dispuestos a llegar para satisfacer las expectativas y “necesidades” que nosotros mismos nos creamos, para hacer realidad nuestros sueños y los de nuestros seres queridos. También, qué estamos dispuestos a hacer para llevar a cabo nuestras pequeñas venganzas. Dónde se encuentra el límite entre el bien y el mal, o al menos hasta qué lugar podemos mover esa línea difusa e imaginaria que separa los pequeños actos, cómo llamarlos… no demasiado éticos, esos que no hacen (mucho) daño a nadie y estamos dispuestos a afrontar a cambio de un pequeño beneficio, de una egoísta satisfacción, de aquellos otros actos que nos convierten en monstruos.

O en víctimas, porque La chica que llevaba una pistola en el tanga también nos alerta de que nadie puede controlar al cien por cien lo que pasa a su alrededor. Que lo que no iba a perjudicar a nadie termina por estallar por el lado menos esperado aniquilando la vida de todos los que nos rodean, incluyendo, por supuesto, la nuestra. Y no, nadie está a salvo. Ni siquiera los que visten de azul y llevan placa y pistola reglamentaria.

Con un ritmo frenético, inmediato, recorremos prácticamente sin aliento las doscientas y pico excelentes páginas plagadas de tiroteos, persecuciones, engaños, medias verdades, sexo y violencia que componen La chica que llevaba una pistola en el tanga. No es una novela apta para todos los públicos, es cierto. Pero si te gusta el noir, es una novela imprescindible. Una de esas que a uno, como escritor, le gustaría haber pergeñado. Una de esas que hacen que cada día que pasa te guste más el género negro.

Poco más puedo decir. Bueno, sí: que no me ha durado ni veinticuatro horas. Y eso me ha pasado muy pocas veces en la vida. Menos que balas caben en el tambor de un Magnum 357.

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Que te vaya como mereces, de Gonzalo Lema – Premio LH Confidencial 2017

QUE TE VAYA COMO MERECES, DE GONZALO LEMA (ROCA EDITORIAL) por Luis V

«Los perros vagabundos roncaban de hambre y sueño en su inmensa sombra. Blanco, inmóvil en la azotea, suspiraba con tanta poesía.»

Basta echar un vistazo desde el terrado del boliviano Edificio Uribe de Cochabamba para atestiguar lo inaguantable que sería la vida sin la muerte; desde esta atalaya, previa a su visita diaria a cada uno de los moradores del edificio, Santiago Blanco pasa revista al mundo. Las normas impuestas por los mortales no van con él y a los 57 años, ya retirado de la policía, cumple como portero del edificio al que ha llegado por los turbios intereses del Coronel Uribe, presunto propietario del mismo. Se trata de un inmueble peculiar y en él transcurre gran parte de esta obra, dando la sensación de vivir en una de las historietas gráficas del «13, Rue del Percebe», sin el ascensor y sin el chiste fácil, pero con sobrada ironía.

«El huevo no tenía sal. Tampoco salsa de tomate picado con cebolla. Estaba hecho sin amor.» «Muy difícil que Dios paseara por ahí habiendo playa y mar en otros lados.» «Todos chillaban. Hasta un perro con la pata atropellada.»

Sus inquilinos son personajes de lo más variopinto, (¿espejo del país?), y si bajáramos a la calle desde la octava planta nos iríamos encontrando con una mujer con alzhéimer que se pasa el día buscando a Dios entre las nubes, un burdel encubierto, un Hare Krishna con su correspondiente colgadura, una vidente compartiendo piso con el cadáver de uno de los albañiles que construyeron el edificio (emparedado en una de sus columnas), un dramaturgo con mucho teatro, una viuda negra con varios maridos en su currículo, un gordo que vive entre animales, y la farmacia de una farmacéutica que ha estudiado mucho pero que, medicamentos aparte, no se entera de lo que vale un peine. En la esquina de la acera de enfrente, junto al sauce llorón, está el quiosco de Gladis, la novia de Santiago, quien ha regresado a la ciudad para proponerle irse a vivir con ella a Tarija, aspecto que rondará la cabeza de Blanco durante toda la novela: «No podía morirse sin intentar ser feliz. Sería una mariconada.»

En Cochabamba la vida se vive con calma, demasiada; las cosas suceden cuando suceden, y nadie se extraña cuando esto pasa; siempre la misma sintonía inmisericorde; la normalidad no se ve alterada, te atropelle un tractor, te claven un puñal de monte mientras te entretienes viendo flotar una oveja muerta entre las aguas del río. Corrupción, secuestros, estafas, homicidios… la vida siempre fiel al mismo sinsentido, igual de estúpida, gobierne el indio de turno, lo haga Rita la cantadora.

«¿Y por qué no vendemos este país tan feo y compramos uno bonito junto al mar?»

En medio de esta impasibilidad, que nos acompañará durante toda la novela, el Abrelatas, un exmaleante que ahora curra de camarero, y que mantiene «amistad» con Santiago desde sus tiempos de guardia, le pide ayuda para encontrar el cadáver de su hijo, que ha sido robado de la morgue. La resolución del caso abre las puertas a nuevos personajes entre los que destacan la fiscal Margot Talavera (cuya obesidad la presupone portadora de un hígado que sacaría de la anemia a media África), Lindomar Preciado Angola, un negro del poblado afro-boliviano de Chicaloma, que si bien ya está presente desde el inicio de la novela su papel en la sombra irá tomando importancia a medida que se va clarificando lo sucedido, y el propio Gonzalo Lema, «un abogado de ciudad tan falso y tan humo como un tonto billete de alasitas».

Que te vaya como mereces está escrita en tercera persona, con frases cortas, una novela rica en metáforas, y una auténtica borrachera de símiles. Es la quinta entrega donde aparece Santiago Blanco, siendo totalmente independiente de las anteriores. En ella, el aficionado a las novelas de la serie Carvalho de Manuel Vázquez Montalbán, encontrará gran afinidad con las de éste; ambos autores escogen como sede central de operaciones las ciudades donde han vivido, Barcelona y Cochabamba respectivamente, (en la presente novela, Gladis emplaza a Santiago para una nueva vida en Tarija, ciudad natal de Gonzalo Lema, lo que hace predecir que pueda transcurrir allí la siguiente entrega); Pepe Carvalho y Santiago Blanco, guardan muchas similitudes: ambos son investigadores (uno trabajó en la CIA y otro en la policía), retratan la situación de un país, se identifican con un partido político, están separados de sus mujeres, aman la gastronomía (Santiago Blanco es más de batalla), la bebida y las mujeres; sus novias, Charo y Gladis, han compartido oficio, y si bien uno quema libros, el otro no se corta en limpiarse el culo con los semanales culturales de los periódicos.

Que te vaya como mereces fue una las seis finalistas seleccionadas en la 73 edición del Premio Nadal, recibiendo a la postre el Premio Internacional de Novela Negra, L´H CONFIDENCIAL 2017.

«Lindomar entendió el mensaje. El país no era feo, Negro. Era bello. Y la sociedad, lo que era, más que fea, mugre. Eso lo sabían ellos que eran policías, y de investigación. Su duro oficio los obligaba a mirar la pirámide social desde el mismo cimiento. Desde el sótano. Y podían dar fe de tanta miseria humana. Y cuanto más la ascendían, más mugre. Más cadáveres. Más rapiña. Más limpio el cuello, más sospecha.»

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Rese̱a: Ilusionarium, de Jos̩ Sanclemente РRoca editorial РThriller

ilusionarium-jose-sanclemente-roca-editorialIlusionarium – José Sanclemente – Roca editorial – Thriller por DAVID GÓMEZ

Ilusionarium es de aquellas lecturas que hacen soñar a los lectores que, como yo, vivimos el crecimiento en la gran pantalla de los grandes espectáculos de magia protagonizados por magos como David Copperfield. No había semana que no se viera un número de ilusionismo en televisión.

Eran magos, en su mayoría, que habían triunfado en los grandes casinos de Las Vegas y que ahora ampliaban su negocio para hacerlo universal. Siempre nos quedaba la duda de los efectos de cámara, pero eso era casi lo de menos, pues no hacían pasar un rato genial.

Ilusionarium también es una de esas lecturas que harán disfrutar a los que han conocido la magia de la mano del Mago Pop, todo un referente mundial en estos momentos y que le ha dado un nuevo enfoque a la magia.

Por todo ello, creo que la nueva propuesta de José Sanclemente puede tener un abanico muy grande de lectores a los que contentar.

«El mundo quiere ser engañado, pues engañémosle».

¿Y de los nuestro?

Bien, muy bien. Ilusioanarium es un buen thriller. Cumple a la perfección con lo que se le pide a este tipo de novelas. Un inicio que engancha mediante un misterio; una investigación por diversos lugares emblemáticos; un medio tiempo que invita a seguir leyendo; alguna sorpresa para que no te duermas y la traca final.

Pero si alguna cosa se ha de destacar es: la magia.

Un libro que habla continuamente de magia y que no cansa cuando lo hace. Misteriosos maletines, escenas de escapismo casi imposibles, pero también trucos de cerca: monedas que desaparecen…y un intento de darle una explicación racional a todos ellos. En algunos momentos se podría decir que es la continuación de esa conversación que nunca tuvimos cuando David Copperfield nos dejaba con la boca abierta, cuando el Mago Pop hace lo que hace.

Y tampoco podía faltar un personaje central que mediante la investigación hará un viaje al pasado para reencontrarse con el dolor e intentar darle una segunda oportunidad al amor, dándole un toque de sentimentalismo.

Y casi me olvidaba del elemento periodístico. Muy interesante el debate que abre sobre los límites del periodismo. ¿Qué se debe contar? ¿Cómo se debe contar? ¿Todo vale?

Como veis un buen cóctel donde se mezcla, thriller, periodismo, magia y ese toque de dolor.

Sinopsis

Christian Bennet, veterano periodista ganador de un Premio Pulitzer, recibe una enigmática llamada de Martha Sullivan, propietaria del diario El Sentinel de Nueva York, postrada por una enfermedad mortal, que le hace un singular encargo: quiere que localice a su hija y única heredera, Angela, desaparecida años atrás, ya que si esta no aparece el periódico caerá en manos de un grupo inversor.

La única pista de Angela está en unos recortes de prensa y un maletín que, tras la muerte del marido de Martha Sullivan, llegaron a sus manos, recortes que hablan de la trayectoria profesional como afamada ilusionista de la chica, convertida en la maga Daisy.

Esa extraña petición remueve en Bennet algunas historias del pasado, como la culpa con la que convive desde hace años por la muerte de Lorraine, la joven amante con la que compartió algunas semanas de su vida.

Bennet descubre que, al parecer, Angela Sullivan murió en un accidente de coche que acabó con el vehículo en las frías aguas del Sena, en París. Sin embargo, el cuerpo jamás fue encontrado.

Christian Bennet empieza a sospechar que la historia oficial es mentira, y que Angela sigue viva, ocultando su verdadera identidad en algún lugar. La gran incógnita estriba en averiguar dónde está y por qué se mantiene en la sombra.

Todo parece un tremendo truco de magia. No hay que preguntar el cómo se hace ni por qué nos dejamos engañar. En el periodismo eso no vale, y en la vida real tampoco. ¿O quizá sí?

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