Archivo por meses: febrero 2017

El imperio de los leones, de Sebastià Bennassar

El imperio de los leones – Sebastià BennassarNovela negra – Editorial Alrevés por RAMONA SOLÉ

Sebastià Bennasar. Nacido en Palma el 1976. Licenciado en Humanidades y máster en Historia del Mundo por la Universidad Pompeu Fabra. Es escritor con numerosos libros publicados de diferentes géneros, traductor y crítico literario.

Ha trabajado como periodista y es crítico literario en diversas páginas web propias, aunque también publica artículos en otros medios de comunicación.

Imparte cursos y colabora con diferentes editoriales, y ha impulsado numerosos proyectos culturales, congresos y festivales literarios, sobretodo dedicados a la novela negra.

EL IMPERIO DE LOS LEONES

La novela está inspirada en diversos clanes mafiosos reales, aunque los protagonistas son personajes ficticios. Nos relata la vida de unos amigos que empiezan robando a campesinos y acaban siendo grandes mafiosos Lioneses, de quien buena parte de su imperio “legal” estará situado en la costa catalana.  Lugar donde las autoridades tampoco les ponen demasiados impedimentos ya que económicamente todos salen beneficiados.

El período del que nos habla va de 1972 a 2006, y el autor además del trabajo a la hora de ambientar los escenarios de las diferentes épocas y los detalles que les envolvía, también nos muestra el resultado de una amplia investigación y documentación, dándonos numerosas informaciones sobre las distintas bandas, hechos y acciones delictivas.

El libro ya empieza de una manera bastante salvaje, así que después no nos podremos quejar de que no estábamos avisados. Jean Neire, jefe de la banda, Michel, René, Luisi, y Sebastian el conductor… Todos con una historia a las espaldas, deseos de venganza y mucha ambición.

La novela alterna pasado y presente, padre e hijo. Jean Neire unió a un grupo de amigos, algunos Pied noirs, soldados frustrados y decepcionados, con quien empezó el camino hacia la delincuencia, que después habrá de seguir su hijo Pascal. Con unos valores hechos a medida, dónde la familia, la amistad y la lealtad tienen una importancia capital. La madre primero y el hijo después tendrán que conseguir que el imperio de los Leones aguante los temporales cada vez que Neire es encarcelado, si no quieren que alguno de los otros clanes les coja el relevo.

Un coctel en el que no faltará ninguno de los ingredientes clásicos, mezclando ambición, violencia sin remordimientos, drogas, prostitución, corrupción policial, estrategia, terrorismo, sexo, venganzas y más venganzas… Sin ahorrarnos detalles en el amor ni en el horror, avanzaremos a buen ritmo hasta descubrir si el relevo generacional será capaz de estar a la altura.

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La tierra del cebú, de Mario Brito Fuentes

La tierra del cebú – Mario Britos Fuentes – novela negra – Atmosfera Literaria por Fidel Cruz Rosell

LA TIERRA DEL CEBÚ BUSCA SU ESPACIO EN EL MAPA DE LA LITERATURA

Desde que Miguel de Cervantes con su mítico “lugar de La Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme” plantara su bandera en un espacio micro donde desarrollar su ficción han pasado cuatro siglos de literatura. Muchos otros escritores siguieron igual derrotero con la misma intención de marcar su territorio y, para que todo el mundo se acordara, ellos sí revelaron sus nombres. Vienen a mi mente los más notorios: el Yoknapatawpha de Faulkner, la Santa María de Juan Carlos Onetti y el Macondo de García Márquez.

Mas no es en ellos donde detendré mi comentario sino en una nueva comarca que ha buscado su espacio en la geografía literaria desde que Mario Brito Fuentes publicara Ríos de Primavera; un libro de cuentos sacado a la luz por la Editorial Capiro en el 2008.

Mario ya había publicado los libros de cuento En torno al equilibrio, 1991; Fuegos fatuos, 2002; y la novela Dile al corazón que ame en voz baja, 2003. Ahora, en el 2011, acaba de publicar los libros de cuento Había una ventana y No debe estar resbaladizo.

Ríos de Primavera es un pequeño poblado perdido en las montañas del centro de Cuba a donde Mario nos lleva nuevamente en su reciente novela, La tierra del cebú.

Si García Márquez diseñó Macondo a partir de su natal Aracataca y Faulkner concibió Yoknapatawpha siguiendo los derroteros de la realidad del condado de Lafayette, Mario, igualmente, para construir su pueblucho, tomó elementos de Jibacoa, un asentamiento poblacional a 48 km al sur de la ciudad de Santa Clara. De él sólo tomó las coordenadas, la tipología de poblado tramontano, la arquitectura mitad urbana y mitad rural y la estructura social semejante a la de cualquier poblado de la Cuba de los años noventa.

En este contexto el autor entreteje sus historias, construidas a partir de los referentes que le brinda la cotidianidad. Historias que trascienden los estrechos márgenes de lo local para conectarse con el acontecer universal. Historias que van desde la intolerancia homofóbica hasta el fenómeno de la emigración, pasando por la persistencia en los ideales, la soledad, la nostalgia y el amor.

Llevando las riendas del poblado, Orencio, un hombre entregado en cuerpo y alma a lograr que su terruño salga adelante en medio de una crisis que en Cuba tomó el nombre de Período Especial, mientras que su esposa Berlania le insiste constantemente en que se ocupe más de los problemas hogareños. A él llegan todos los aconteceres. Un día es Soligial, quien está al cuidado de su suegro ya anciano y enfermo, porque ha aparecido un comprador de viejos que pretende llevarse al suyo para darle de comer a un cocodrilo. Otro día es el alcohólico del pueblo, con la noticia de que alguien recoge a los borrachos y se los lleva al cementerio con el fin de sodomizarlos.

Orencio es un hombre-orquesta que también debe auxiliar al capitán Muguruza en atrapar bandidos y preservar el orden social o escuchar pacientemente al loco del pueblo con su retahíla de ideas, algunas no muy alocadas por cierto. En medio de todo este maremágnum, el acontecimiento más importante del año, esperado por todos los pobladores: la celebración de una gran feria agropecuaria. Para la inauguración se ha previsto la develación de una escultura a tamaño natural de un toro cebú, en representación del principal renglón económico del territorio, pero alguien se adelanta a la ceremonia, escribiendo un letrero en la panza del vacuno, que las autoridades consideran de tendencia contrarrevolucionaria.

Durante los años duros de los noventa en Cuba, muchos profesionales abandonaron su profesión para dedicarse a actividades mejor remuneradas. De esa forma llegó Orencio a Ríos de Primavera, procedente de la cabecera municipal. Su intención al abandonar su trabajo como profesor era arrendar una parcela de tierra que proveyera a su familia de lo mínimo indispensable para alimentarse. Sin embargo, su llegada coincidió con la fuga del país del Presidente del Consejo Popular y fue elegido para sucederle en el cargo, volviendo a su condición de asalariado del gobierno, con todas las manquedades que esto significaba. Esta inesperada vuelta atrás contraría un tanto a Orencio, mas, siendo un hombre obsesionado con el cumplimiento del deber revolucionario, lo acepta estoicamente, a pesar de las críticas constantes de la esposa.

Pienso que en la antinomia Orencio-Berlania está el conflicto principal de la novela. De un lado, el apego irrestricto a viejas concepciones; del otro, la búsqueda de alternativas ante una nueva realidad. De un lado, el mal del peor ciego, el que no quiere ver; del otro, la clara visión de lo que sucede delante de todos. Pues mientras él se empecina en seguir aferrado a su ortodoxo ideal de comunista, ella asegura que “el comunismo tan colorao ya no lo usa nadie” y se da cuenta de las diferencias que se han generado en la nueva situación: “¡Bah!, no me vengas a decir que el Período Especial es parejo para todo el mundo. Es más especial y más parejo para unos que para otros”.

Es que Berlania opina que se ha ido formando un país dentro del otro y, ante la incomprensión del marido, va dando detalles para que él mismo arribe a la conclusión precisa:

—En un país vivimos nosotros y en el otro ellos, ahí tocándonos con el codo, pero diferentes; necesitándonos, pero diferentes.

—¿Quiénes son ellos, Berlania, los macetas?

—Los macetas y otra gente.

—¿Los que reciben dólares del extranjero?

—Sí, pero faltan.

—¿Los guajiros?

—También, pero te faltan.

De esta sucesión de preguntas y respuestas van surgiendo todos los que salen beneficiados a pesar de la crisis, hasta que Berlania llega a donde quiere llegar:

—¡Los dirigentes, chico, los grandes!

Mario Brito, quizá sin proponérselo, reflejó en estos dos personajes el principal dilema de la sociedad cubana en la última década del siglo XX: de un lado, los que se empeñaban en mantener un modelo ajustado a las viejas coordenadas de la era soviética; del otro, quienes pensaban que el país debía abrirse a reajustes más a tono con los nuevos tiempos, algo que comenzaría a hacerse realidad a partir de la segunda década del siglo XXI.

En La tierra del cebú nos encontramos personajes creíbles, nada maniqueos, pues incluso Orencio, tan dado a la contención, por momentos se excede o cae en la duda sobre las razones que lo mueven en su actuación. La narración es dinámica gracias a una ágil sucesión de planos y al uso de la retrospectiva cuando se precisa algún antecedente que justifique el presente del tiempo narrado.

El autor apela a lo onírico con el fin de acentuar la hiperactividad del protagonista, un hombre al que no le alcanza el tiempo para resolver todos los problemas que lo agobian. Los sueños son la continuación del día. Algunos lo torturan, mientras otros le sirven como escape emocional. El narrador omnisciente le permite al autor adentrarse en la vorágine de unas pesadillas que trascienden la noche para transformarse, durante el día, en soliloquios que se entremezclan con los sucesivos diálogos a medida que Orencio recorre las calles donde es abordado sin misericordia.

El humor es otro componente importante de la novela y descansa en el pragmatismo de la esposa inconforme quien, por su hablar sin tapujos, dichos y salidas irónicas, se nos convierte en la versión femenina de Sancho Panza en su contrapunteo con los supremos ideales del Quijote (Orencio).

Sin duda alguna, se agradece esta novela escrita con gracia y maestría, donde el suspense incita a recorrerla sin pausa de principio a fin; una muestra más de que en un pueblo pequeño puede estar escondido el país y, por qué no, todos los países. Al cerrar el libro nos queda la impresión de que un día llegaremos a un sitio donde nos recibirá un cartel con el rótulo Ríos de Primavera y que, un poco más adelante, encontraremos la escultura a tamaño natural de un toro bajo el letrero La tierra del cebú. En esa certeza radica la magia de la buena literatura.

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Bettý, de Arnaldur Indridason

Bettý, Arnaldur Indridason, novela negra – RBA por GRAZIELLA MORENO

Autor: Arnaldur Indridason es historiador, periodista, crítico literario y cinematográfico. RBA ha publicado siete de sus novelas policíacas: Las marismas, que recibió La Llave de Cristal a la mejor novela policíaca nórdica del año 2002, La mujer de verde, que obtuvo el Gold Dagger, el prestigioso premio concedido en Gran Bretaña de la Crime Writers Association, La voz, que ganó el Martin Beck Award a la mejor novela negra traducida al sueco, El hombre del lago, Invierno ártico, Hipotermia, Río negro y Pasaje de las Sombras, que fue galardonada con el VII Premio RBA de Novela Negra 2012.

Sinopsi: “Desde mi celda pienso en ella, en Bettý, tan bella, tan libre…Se me acercó en aquel congreso para decirme cuánto le había gustado mi conferencia. ¿Quién se había resistido? ¿Y luego? ¿Qué pasó? No quería ese trabajo ni esa relación. Debería haber detectado las señales de peligro. Debería haber entendido mucho antes lo que pasaba. Debería, debería, debería…” “Ahora su marido ha sido asesinado y me acusan a mí. La policía no busca más culpables. Recuerdo toda nuestra historia desde la primera mirada y descubro lentamente cómo mi culpabilidad parece indiscutible, pero sé que no soy culpable”.

Reseña: No conocía a Indridason aunque había oído hablar muy bien de sus obras. Cuando abrí Bettý pensé que estaba ante una clásica novela negra de los años 50: femme fatale (la manipuladora de turno), un crimen, alguien a quien se acusa de haberlo cometido, todos los ingredientes necesarios para ser una historia ya conocida. Nada más lejos de la realidad. Esta es una novela que devoras con el corazón encogido desde la primera línea. Narrada en primera persona, el autor nos lleva a conocer la historia de una pasión y de un crimen, sin que el segundo pueda existir sin la primera. 231 páginas que se leen en un suspiro, porque no puedes dejarlas, tienes que saber más. Y hacia la mitad, Indridason te deja con la boca abierta, tengo que reconocer que hacía mucho que no me sorprendía tanto, incluso hasta el punto de volver a iniciar la lectura para poder comprobar que es una narración impecable, sin fisuras. Recomiendo atención máxima en todas sus páginas. El estilo es directo, medido, están las palabras justas en una historia en la que no sobra nada. Es el retrato fiel de una manipulación llevada al extremo, hasta sus últimas consecuencias, en el que la voz que narra sus padecimientos nos hará entender el por qué y reflexionar acerca de hasta qué punto conocemos a los demás y a nosotros mismos. 30 capítulos y un epílogo son suficientes para desentrañar la magnética personalidad de Bettý

Cuando has leído una buena novela, lo sabes porque una vez acabada, quieres volver a empezar de nuevo. “¿Te engañará a ti también?” reza la portada. Y tanto que sí.

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