Destruyan a Anderson, de Fernando Martínez Laínez

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destruyan-a-andersonDestruyan a Anderson Fernando Martínez Laínez  por JOSÉ RASERO BALÓN

Fernando Martínez Laínez es, junto a Francisco García Pavón, Montalbán, González Ledesma o Andreu Martín, uno de los pioneros de la novela negra española. Como escritor de este género se inició en 1977 con Carne de trueque, a la que siguieron Destruyan a Anderson, La intentona del dragón (1991), o Vía Muerta (1994). Ha sido reportero, guionista de televisión y ha viajado por América, Asia, China, Rusia, el Cáucaso, Europa. Colabora asiduamente en gran cantidad de periódicos y revistas. Fue finalista del Premio Planeta y del Café Gijón y ha ganado el Premio Hammet de novela policíaca y el Premio Grandes Viajeros. Para la editorial EDAF dirige, coordina y prologa la colección “La Casa Ciega”, que recoge los mejores cuentos de género negro en lengua española

Reseña:

El pasado 7 de julio se presentaba en Madrid la colección “La orilla negra”, de Ediciones del Serbal. Al frente de la misma está el escritor José Luis Muñoz, que reivindicaba la literatura negra escrita en la lengua de Cervantes, con sustrato social y denuncia de situaciones injustas. La que habla de la corrupción y el crimen de los poderosos. Destruyan a Anderson, de Fernando Martínez Laínez, es uno de los 7 libros que componen la primera “camada” de la colección. Su publicación supone, además, recuperar del olvido una novela que en 1982 fue una de las finalistas del Premio Planeta.

En Destruyan a Anderson nos situamos en los primeros y turbulentos años de la Transición española, los llamados “años de plomo”. Anderson y Gudrun forman parte de un comando terrorista alemán que pretende atentar en Madrid. Para ello necesitarán la ayuda de un grupo español, tres jóvenes que aún no han dado el paso de la teoría revolucionaria a la práctica. Las Fuerzas de Seguridad harán frente a esta amenaza con todos los medios a su alcance. Los legales y los menos.

Aunque han pasado más de 30 años de su primera edición, hay que decir que Destruyan a Anderson se conserva tan fresca como una lechuga. Acción a raudales, violencia, suspense, y una interesante galería de personajes, hacen de la novela una crónica descarnada de una época, de un país y de una ciudad. Bien mirado, además, la temática política y social que recorre la obra mantiene no pocas similitudes –salvando las evidentes distancias– con los vaivenes actuales.

Los personajes principales forman parte, bien del grupo terrorista, bien de las fuerzas policiales. Anderson es el líder indiscutible de los revolucionarios y es a través de su monólogo interior (punto negativo: la cursiva, sin signos de puntuación y sin tildes, hace difícil la lectura de estos pasajes) que se realiza la disección de las eternas contradicciones y fracasos de la izquierda europea, centralizadas aquí en la alemana y el mayo francés, las cuales conducirían, a aquellos grupos que no fueron absorbidos por el sistema, los utópicos radicales, a la lucha armada como desesperada escapatoria (Brigadas Rojas, Baader Meinhof…). En el lado policial, el comisario Martín, eficaz, voluntarioso y escéptico. Frente a él, el agente especial Fabio Aresti, cuyos métodos extremos vienen movidos por la venganza personal. Valiéndose de ambos el autor traza un retrato fidedigno de los dos polos entre los que se movía una policía heredera directa del régimen franquista.

Mención aparte merece Madrid, otra protagonista indiscutible de la novela. El recorrido por los bajos (y altos) fondos de la ciudad de los ochenta, con sus tabernas, chulos, yonquis, prostitutas, o el remanso de zonas residenciales como El Viso o el barrio de Salamanca, se hace, sencillamente, delicioso.

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