La profundidad del mar amarillo, de Nic Pizzolatto

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La profundidad del mar amarillo – Nic Pizzolatto – relatos negros – Salamandra por ALBERTO PASAMONTES

A estas alturas de la película, Nic Pizzolatto ya no necesita presentación. Autor de la estimable Galveston y guionista de The killing y la estupenda y negrísima True Detective, cualquier proyecto en el que decide meterse acaba convertido en un notable éxito de crítica y público.

La profundidad del mar amarillo (Salamandra, 2015) es una colección de relatos que data de 2006, que ha llegado a España después de que la mayoría conociéramos a Pizzolatto a través de la serie protagonizada por Woody Harrelson y  Matthew McConaughey. Así, en estos relatos encontraremos en estado de gestación muchos de los elementos que más tarde se han convertido en la seña de identidad del autor de Nueva Orleans. Atmósferas opresivas, paisajes tristes y hermosos, personajes complejos, atormentados, con tendencia a la autodestrucción y a buscar sueños inalcanzables, diálogos potentes, desesperación, redención. No hace falta que yo lo cuente, en el siguiente fragmento se resume el tono general del universo de Pizzolatto.

El edificio en sí era un enorme cubo de apartamentos con un hueco en el centro. Ladrillo gris, manchas de pintura en la placa que había al final de la acera; estaba rodeado por un muro alto, si no recordaba mal. Aquel día llovía. El vecindario parecía quebrado. Todo, desde las paredes de los edificios hasta las piernas de los habitantes, parecía al borde del colapso; se estaba desmoronando poco a poco.

Un universo en continuo declive, impregnado de la belleza de los lugares abandonados, de la crisis económica, de la decadencia. Llega uno muchas veces al final de uno de los relatos con la impresión de que está inconcluso, que no hay final. Es una sensación efímera. Con el paso del tiempo, los posos van calando en la cabeza del lector, que lentamente comienza a comprender el significado de lo leído. Conviene por ello detenerse al final de cada relato antes de pasar al siguiente para que la historia se asiente y tenga tiempo de revelarse en toda su esencia.

Los relatos que integran La profundidad del mar amarillo comparten elementos comunes que dan a la recopilación una cierta homogeneidad, lo cual es siempre de agradecer. Sin embargo, muchos de ellos no se pueden considerar de género negro. Se percibe, eso sí, la inconfundible mano de su autor en el estilo, en los temas tratados, en la recreación de personajes y entornos, en su particular y filosófica percepción de la vida. En todos menos en Nepal, que parece metido aquí para rellenar páginas. Ojo, no quiero decir con esto que sea de peor calidad que el resto. De hecho, es el que más me ha gustado, pero hay que reconocer que rompe la homogeneidad de la que hablaba antes. Quizás sería conveniente dejarlo para el final, como un cuento independiente del resto (es además el más extenso) para evitar que el lector sienta que le han sacado a la fuerza del contexto general de la recopilación.

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