Mala – yerba, La vida bajo el narco, de Javier Valdez Cárdenas

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Malayerba, la vida bajo el narco, de Javier Valdez Cárdenas (Editorial Jus) por LUIS V

Apretó el disparador siete veces con el selector en ráfaga. Setenta estampidos quebraron el silencio que lo calla todo. Sólo él conoce sus nombres.

«Hace frío: once grados culichis son dos bajo cero en una ciudad caliente por el plomo rojo y por el sol que siempre amanece con las pilas puestas.»

Bajo el cielo de Culiacán rige una ley articulada por la vorágine de la muerte. El sanguinario Cártel de Sinaloa abandera un sistema de corrupción que prostituye todo cuanto pueda violarse. Los niños de la sal, en su inocente maldad, interiorizan torturas, mutilaciones y ejecuciones, reproduciendo la barbarie que vomitan sus celulares, todos de última generación. Se ven machotes junto a sus papás, invulnerables. Otros siquiera tienen padres, ni lágrimas; las gastaron todas. Jóvenes pistoleros juegan a ser dioses transformando vidas en amalgamas de plomo, huesos y carne. Conducen furgonetas lobo, de las de doble cabina, y les encanta aparentar. Llevan cuernos de chivo, no les plantes cara. Jales peligrosos se tornan sentencias de muerte cuando se quebranta la disciplina. Es fácil abandonar el barco, saliendo con los pies por delante. Buchonas y bellas proporcionan placeres a la carta; náufragas del vicio: busconas, mantenidas, ambiciosas…

«Ellas siempre frescas, como recién bañadas. Moteleras y ensabanables, argüenderas y gritonas. Herederas de esa estridencia, de ese espíritu mequetrefe de sicarios, achinchincles, émulos, narcos y buchones.»

Placas y placosos, policías, delincuentes, y policías delincuentes, putrefactos. ¡Qué decir de jueces y fiscales!, alcaldes, periodistas, diputados… Personajes de plomo, marionetas. Narculichis. Hijos de la chingada.

Siete veces apretó el disparador que da voz al pueblo mudo, con expresiones recogidas en la calle. Setenta agónicas confidencias maquilladas con la prudencia del anonimato. Lo dejó escrito Cervantes: «la valentía es una virtud puesta entre dos extremos viciosos, como son la cobardía y la temeridad», y Javier Valdez Cárdenas lo sabe; hay que hilar muy fino para disparar lágrimas de tinta desde las barricadas del infierno. Dar cobertura editorial a los textos tampoco es fácil sabiendo que la calaca campa a sus anchas.

«Le dio las gracias a las balas. Luego a Dios. Se quedó ahí, hincada. Todavía dibujaba mapas ondulantes de humo el cañón de la pistola. Y ella ahí, con ese llanto que estalló como trueno y luego se fue apagando poco a poco sin dejar nada.»

Los relatos presentes en esta obra fueron publicados originariamente en el semanario Ríodoce, donde lo siguen haciendo con periodicidad. La Malayerba no para de crecer. Los asesinatos aumentan mientras se multiplican los silencios. Las estructuras financieras del narcotráfico siguen intactas. Nadie hace nada. Bueno, Javier sigue disparando.

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