Marley estaba muerto, de Carlos Zanón, por Nieves Abarca

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Es un lujazo para nosotros contar con grandes amigos dentro del mundo de la novela negra. Y estamos encantados que para abrir esta sección en este nuestro nuevo bloc podamos contar con una reseña de novela negra de Nieves Abarca ( Crímenes Exquisitos, Martyrium, El hombre de la máscara de espejos y en breve Los muertos viajan deprisa) así que aquí la dejamos.

MARLEY ESTABA MUERTO, UNA RESEÑA.

Marley estaba muerto - Carlos Zanón.

RBA Serie negra., 2015

SINOPSIS

“En la actual Barcelona hay personas que deambulan sin rumbo por las calles de una ciudad que ha dejado de pertenecerles. Una serie de historias que se engarzan entre sí formando el dibujo de una Navidad de dudoso fulgor, con más sombras que luces.”

Hace unos meses, gracias a una serie de catastróficas bendiciones, cayó en mis manos un libro de 14 relatos-novela-quién sabe, escritos por un tal Carlos Zanón y cometí el error-acierto-quién-sabe de leerlo.

El libro se titulaba “Marley estaba muerto”. Marley el del cuento de Navidad de Dickens, el socio de Scrooge, no Bob Marley, como todo el mundo piensa.

Cuando lo terminé saqué dos conclusiones-preguntas.

Una, de dónde demonios había salido el tal Carlos Zanón.

Dos, yo iba a dejar de escribir. Yo, que creía que escribía más o menos decentemente, había descubierto que un tipo llamado Carlos era capaz de robar las palabras a los demás escritores sin inmutarse siquiera.

Al final, el tal Carlos Zanón había salido de un barrio barcelonés llamado Guinardó, un sitio capaz de albergar tanto colinas hermosas como bares cutres de serrín, sol y sombra y palillos planos. Y yo no dejé de escribir, porque acabé otra de mis novelas con mayor o menor fortuna. Pero mientras,  “Marley estaba muerto” ya iba camino de las librerías y los demás humanos íbamos camino de la Navidad, así que se produjo ese pequeño milagro gutenbergiano de la impresión de libros y pronto los relatos-novela-quién-sabe salieron a la luz de todos los lectores.

Son cuentos de Navidad, me había dicho quién me lo dejó hace unos meses. Así que yo empecé a leer y lo primero que me encontré fue a un Batman triste y enfermo de una larga enfermedad, quién sabe si cáncer o amor desesperanzado. Luego, a una chica preñada sin rumbo ni fortuna. Un bazo en el abismo de sus plaquetas. Un hombre desesperado con un perro al rescate. A la buena de la Dolors, la loca que entra y sale de los libros del tal Zanón con el desparpajo de sus uñas desconchadas. A Marc, el Romeo-Robin Hood de barrio. A Fiona, la que a través de los ojos de Marc es la Lady Marian de las pizzas. Al tío Noel loco, el que trae y lleva el espíritu de la Navidad a través del tiempo  y el espacio sin que nadie se lo haya pedido. A Charly, el abogado de oscuro pasajero y familia feliz. A Michael, el músico triste, acabado, protagonista involuntario de un cuento de Navidad dickensiano, con sus fantasmas del pasado, presente y futuro.

Y a los cuatro lázaros. Descubrí que en el barrio de colinas hermosas y bares cutres se podía producir el milagro de la resurrección de los muertos, justo en Navidad, justo cuando los solitarios necesitan que los otros vuelvan a sentarse a la mesa. Aunque alguno tenga el cráneo algo perjudicado y salpicado de sangre desde el día de su muerte da igual, porque el amor hace que esos pequeños detalles no importen demasiado si además hay viandas navideñas y cava.

Algunos personajes cruzan la puerta de un cuento y pasan a otro sin demasiada vergüenza, acompañados de la música que lo envuelve todo, aunque no todos los temas sean precisamente villancicos. Salas-Humara, The Beatles, The Smiths, Elvis, Sinatra, Dean Martin, Bing Crosby…la música, el amor, la tristeza, la desesperanza, todo unido por la magia del ángel que tiene Carlos Zanón cuando escribe.

Estas navidades píllate “Marley estaba muerto”. Si lo lees aprenderás a resucitar a los que ya no están contigo. Y si lo regalas, escucharás un sonido: el de la campanilla que indica que algún ángel de barrio se ha ganado al fin sus alas.

Nieves Abarca

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