Siempre hay alguien a quien matar, de Guillermo Orsi

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siempre hay alguien a quien matar-guillermo orsiSiempre hay alguien a quien matarGuillermo OrsiRevolver editorial por FERNANDO TERRÁDEZ

Reseña

Siempre hay alguien a quien matar, de Guillermo Orsi, es mi primera incursión en el género negro argentino, aunque no se trata de una novela policíaca al uso. El trasfondo de la trama es la investigación de la desaparición de una mujer, joven y guapa, antigua amante del personaje principal.

La primera diferencia con una típica novela negra es ese personaje principal que poco tiene de detective, que observa y valora todo lo que le rodea desde su condición de escritor. Este narrador porteño, Francisco Molinari, es uno de los atractivos de la novela, dado que desde el momento que llega a Los Médanos, ciudad turística en temporada baja donde sucede la historia, le ocurren las más sorprendentes, vertiginosas y oscuras aventuras, aunque tal vez no sabemos si lo son por cómo están contadas o por cómo ocurren realmente. De hecho, la novela está plagada de referencias literarias, desde Shakespeare a Borges pasando por Madame Bovary, y de un humor ácido que se ensaña principalmente en la crítica social de la corrupción política y judicial.

La segunda diferencia, y que desde mi punto de vista hace más atractiva todavía la lectura de esta delirante novela, son los dos personajes que acompañan a nuestro escritor en un trío casi estrafalario, casi esperpéntico, pero al que no le falta en todo momento la ironía y el humor inteligente. Por un lado, un pediatra metido a forense, Calzada, que bien podría haber salido de una novela de Eduardo Mendoza o de la serie A dos metros bajo tierra. Por otro un cana, un policía, Bermúdez, cuyas maneras no son muy ortodoxas, que tiene muy poco del frío detective de la novela negra americana, y que más bien parece cualquier agente a punto de jubilarse de una pequeña población mediterránea.

Respecto al argumento, tiene algo de El sueño eterno de Raymond Chandler. Todo gira en torno a la desaparición de la mujer de un influyente médico y antigua amante de nuestro escritor porteño, pero esto es solamente el principio. Escenarios inesperados y lúgubres, muchos muertos y cadáveres, tiroteos y persecuciones y hasta un asesino en serie. La historia da muchas vueltas y has de estar inmerso en su lectura para disfrutar con las peripecias de estos personajes.

Mis sensaciones con respecto a esta novela han sido contradictorias. La lentitud de los acontecimientos al principio de la historia podría invitar a dejar de seguir leyéndola, pero el desarrollo de la trama, los vivos diálogos y las lúcidas críticas empujan a leerla hasta el final. Aunque el narrador se recrea en exceso en las reflexiones sobre su relación amorosa con la desaparecida, las escenas divertidas son simplemente memorables. No hay que perderse la anécdota del loro porque te provoca una sonrisa cada vez que la recuerdas.

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