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Reseña, La pareja de al lado, de Shari Lapena

la-pareja-de-al-ladoLa pareja de al lado – Shari Lapena, por ALBERTO PASAMONTES

La gente es capaz de casi cualquier cosa

No has leído nada igual. La revelación del año. El thriller del que todo el mundo habla. O, como reza la contraportada de La pareja de al lado (Suma 2017), El thriller del año.

Por regla general, ver este tipo de frases hace que el libro en cuestión se me caiga de las manos, al tiempo que mis piernas inician una espontánea y frenética huida hacia algún alejado anaquel de la librería. Sin embargo, algo me hizo darle una oportunidad a esta novela de Shari Lapena, una autora canadiense que aún no había sido publicada en España. Y ahora, después de terminar La pareja de al lado, me pregunto cómo es esto posible, sobre todo teniendo en cuenta que a menudo nos hemos tenido que tragar a petardas como Paula Hawkins o Camilla Läckberg, entre otras. Y otros.

Y es que La pareja de al lado es una novela sobresaliente. Una de esas novelas que te hacen trasnochar, que ves que son las dos de la mañana, que mañana tienes que trabajar, y de nuevo dices “un capítulo más”.

Durante una cena de parejas en casa de los vecinos, justo pared con pared, un bebé de seis meses es raptado de su cuna. Los padres se sienten culpables porque la han dejado sola en casa, aunque se habían llevado el monitor infantil para tenerla controlada. A partir de ese momento, Anne y Marco harán todo lo posible por recuperar a su hija. Pero tampoco podrán evitar sospechar de todos los que les rodean, incluidos ellos mismos.

Shari Lapena ha elegido para la novela un acertadísimo tiempo presente que hace del lector un espectador privilegiado de los acontecimientos. Casi como si estuviera en la misma casa en la que los padres de la niña esperan angustiados noticias del secuestrador. La atmósfera se enrarece, se vuelve opresiva, angustiosa. Lapena acentúa esa sensación con frases cortas, rotundas como disparos que impactan con virulencia en el lector. Un lector que, inmediatamente, conecta con los desesperados padres. Antes de la página cuarenta, sin embargo, la autora ejecuta el primer giro de tuerca y hace aparecer a las hasta entonces víctimas como potenciales culpables. No será el único. Durante toda la novela, el sufrido lector se verá obligado a sospechar de prácticamente todos los personajes que aparecen en la historia. Algunos de ellos, incluso, pasarán de culpable a inocente, o viceversa, en varias ocasiones. Y casi todo lo hace centrándose en el aspecto psicológico de la trama, haciendo que el lector asista a los procesos mentales de los padres, que ven impotentes cómo pasan los días y nadie les devuelve a su hija, al tiempo que se dan cuenta de que no conocen realmente a las personas que forman parte de su entorno más cercano. El ritmo es ágil, la información suministrada tiene aroma de inmediatez sin caer en la precipitación, y los acontecimientos se suceden en cascada hasta desembocar en un final sorprendente y redondo. Un final que nos hace darnos cuenta de que la gente es capaz de casi cualquier cosa.

Habrá quien opine lo contrario, desde luego, pero para mí, que no me atraen especialmente este tipo de best sellers, este podría ser “el thriller del año”. Y mira que odio decir cosas como esta.

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Normal, de Roberto López Herrero

normalNormal – R. López-Herrero Suma de letras por MONTSE GALERA

Roberto López Herrero (Madrid en 1970) escritor, guionista, actor, director y locutor de programas de televisión y radio, es autor de dos novelas de humor auto publicadas: Antonio mató a Luis en la cocina con un hacha porque le debía dinero y Una conspiración mundial secuestró a mi perro para que yo no contara todo lo que sabía. Con Normal, ha dado el salto a la publicación en papel.

Normal : Suma de letras (2016). Primera obra que el autor publica en papel.

Normal es una novela peculiar que se lee como quien una tarde de domingo se mete tres capítulos seguidos de una serie entre pecho y espalda y se dice sin soltar el mando “¿otro?” y mirando el reloj “¡Jooosús, si son las 12!, pero… va venga, otro…”.

No la dejas.

A la que escribe le enganchó desde el momento en que el autor le cuenta algo tan aparentemente improbable como que se ha cometido un crimen a plena luz del día, los testigos son numerosos y ninguno de ellos, una vez interrogados por la policía, sabe dar cuenta del más mínimo rasgo distintivo del asesino. Todos espetan: “era un tipo normal”.  Y no me enganchó porque el principio sea original, o porque me recuerde la cantidad de veces que sonrío ante el televisor cuando el entrevistado dice “pero si saludaba por la escalera” cuando les preguntan por un vecino de rellano al que han detenido de madruga, sino porque no pude evitar preguntarme cómo iba a ingeniárselas R. López-Herrero para salirse del jardín en el que se ha metido. Me pareció difícil que lo hiciera ejecutando una novela de las que se calzan por los pies y con la que vas subiendo por unos andamios verosímiles. “Un tipo normal, un tipo normal” ¿qué es un tipo normal? y ¿qué le pasa a la gente que siendo testigos de un hecho tan traumático como un asesinato…no son capaces de facilitar datos útiles para la investigación? ¿Están atontolinados o qué? ¡A ver si va a resultar que los fumigan desde el aire y dejan señalado el cielo con estelas blancas en plan “¡ea, aquí debajo vive un tonto el haba!”. Una vez leída la novela, sin embargo, debo reconocer que no únicamente consigue solucionar el entuerto, roblándolo incluso cuando nos creemos que ya estaba vendido todo el pescado, sino que logra complicar más la trama sumándole asesinatos —unos más dolientes que otros—y divertir al lector al mismo tiempo. Y mucho.

Que me venga a la mente una tarde de domingo pegándole una paliza al sofá, no es casual. A riesgo de parecer reiterativa destacaría que la impresión que prevalece sobre las otras, una vez cerrado el libro, es la de que, más que leer una novela, estaba viendo una serie de televisión: escenas rápidas que se intercalan con otras escabrosas, soportadas por personajes bien perfilados y que interactúan mediante diálogos ingeniosos.

Aviso de que la carcajada es inevitable. Puede que también te sorprendas tamborileando un párrafo con el índice mientras te oyes decir “ahí, ahí” porque el autor no va a desperdiciar la oportunidad de echarle una foto a la que nos está cayendo. Y lo denuncia. Tened todo esto en cuenta si la vais a leer en el metro: hoy en día cualquiera tiene cámara en el móvil.

Leedla donde queráis, pero leedla: Se come sin hambre, te partes la caja, y más de uno os vais a preguntar ¿no da esto para una saga?

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