Archivo de la etiqueta: voraces

Reseña: Voraces, de Nieves Abarca

Voraces, Nieves Abarca, 2019, por Graziella Moreno

Espasa Libros sello editorial de Editorial Planeta SA

AUTORA: Nieves Abarca nació en A Coruña en 1968. Es licenciada en Geografía e Historia por la Universidad de Santiago de Compostela, Máster en Periodismo por la UOC y especialista en perfiles criminales. Ha publicado cinco novelas negras (junto con Vicente Garrido) y un poemario gótico. En la actualidad trabaja en el Ayuntamiento de A Coruña. 

SINOPSIS: 1830.La feroz represión de Fernando VII sobre los liberales ha obligado a muchos a refugiarse en Londres. Ahí viven y conspiran los generales Espoz y Mina y Torrijos, dispuestos a todo contra el absolutismo. A ellos se une el poeta José de Espronceda que busca en la gran ciudad a su amada Teresa. Una sociedad secreta, los Apóstoles de Cambridge, acogerá a los exiliados que urden planes contra el rey Felón. No sospechan que su complot es vigilado por un héroe que luchó con ellos en la Guerra de la Independencia. Una figura rodeada de misterio: el duque de Wellington.

1854. Juana de Vega, viuda de Espoz y Mina, se enfrenta en La Coruña al cólera. Un barco negro fondea en la bahía con la voraz peste que diezma a la población. Juana sospecha que son pasto de una maldición que la persigue desde Londres y que solo ella puede detener. 

RESEÑA: Voraces es un canto al convulso siglo XIX, a la libertad, al sacrificio de la propia vida por una causa que se cree justa, a las pasiones. Es una novela de vencedores y vencidos, de idealistas y de cínicos, de realidad y de misterio. Supone sumergirnos en el Romanticismo, una forma distinta de entender el hombre y el mundo, de rebelarse frente a las imposiciones, de rechazar la razón, el triunfo del “yo”, del aquí y ahora. Esa nostalgia de culturas históricas, de tiempos pasados, el amor por lo oculto, lo sobrenatural, las leyendas y las tradiciones que vuelven a cobrar un significado especial. 

Abarca consigue enlazar la historia real con la ficción de una forma magistral y provoca en el lector el ansia de revisar lo que sabemos sobre los personajes históricos que pueblan la novela: el duque de Wellington, Torrijos, Espronceda, Espoz y Mina, el rey Fernando VII y la carismática Juana de Vega. A pesar de los saltos en el tiempo (Londres 1830 y Coruña 1854), los capítulos cortos consiguen mantener la atención del lector sin que haya lugar a confusiones. El exilio forzoso a Londres de los militares, poetas e intelectuales a causa de la represión de Fernando VII (“el rey Felón”), sirve a la autora para construir su día a día, sus ansias de volver a la patria, de liberarla del absolutismo. “El fusilamiento de Torrijos y sus compañeros en las playas de Málaga”, un óleo espectacular del pintor alicantino Antonio Gisbert Pérez (Alcoy 1834-París 1902) que tuve ocasión de volver a ver no hace mucho en Museo de El Prado de Madrid, ha vuelto una y otra vez a mi memoria mientras leía la novela y devoraba las páginas, sufriendo de antemano por el trágico destino de los sublevados:

“Torrijos negó con las manos y bebió un sorbo de cerveza amarga.

-Ya sabes que gano unas buenas libras traduciendo a Napoleón. Deja el dinero para financiarnos. Tenemos que conseguir un barco, recuerda. Hombres. Espías. Provisiones. Adeptos. Gente que se una por todo el país para lograr un alzamiento al unísono. Luego en la reunión de los Apóstoles, buscaremos contactos para fletar una goleta. 

-Conozco amigos masones que nos ayudarán. Conseguiremos derrocar al Felón. Y volverá la libertad a España, una libertad que durante tanto tiempo le ha sido negada”. 

No es la primera obra que leo de Nieves Abarca y puedo afirmar sin temor a equivocarme que ha dado un salto narrativo. El estilo elegante y mesurado, con todos los elementos del Romanticismo, así como el vestuario de la época, las comidas, los enseres domésticos, la forma de expresarse de los personajes, la convierten en una novela que bien podría haber sido escrita en los años que relata.

Y de forma insidiosa, paso a paso, como en las buenas historias, el monstruo, el horror, el elemento sobrenatural que no desvelaremos aquí, narrado con absoluto realismo, que encoge el corazón del lector, aparecerá para hacernos soñar con esas leyendas que han marcado la infancia de algunos de nosotros. En la mejor tradición clásica de la novela gótica, Nieves Abarca crea la atmósfera propicia en ese Londres sucio y frío, en esa Coruña envuelta en niebla, arrasada por el cólera, de cementerios hermosos, para describir al monstruo y a sus víctimas: 

“El ángel del cementerio levantó sus ojos pétreos al cielo. La tormenta del día anterior había sido un aviso. 

El cementerio estaba vacío.

Pronto se llenaría.

Y las playas. Y las hogueras. Vendría la muerte. Con su guadaña. Enterrados de pie en la orilla. Devorados por los perros. Devorados por los cuervos. Devorados por las ratas.

El barco traía la plaga”. 

Escribió Kierkegaard en Diapsálmata: Aquí se siente en todo caso la impresión de que son hombres los que hablan, aquí se odia y se ama de veras; se mata al enemigo y se maldice a su descendencia por todas las generaciones; aquí se peca.” Estas palabras vuelven a mi mente cuando llego a la última página de Voraces. Porque en esta fantástica novela se odia, se ama, se maldice y se peca. En definitiva, se vive.